Siento innecesaria
la luz del día porque
se ha prendido en mi cielo
el fanal de su sonrisa,
porque en el paisaje de sus ojos
prosiguen los capullos matinales
como un retazo de nube
estremecido de azul encanto.
Y mi corazón que se aquieta
al oler el silvestre murmullo de su boca,
y un silencio de soles se queda en mi pecho,
-la maravillosa fiesta de sus alas-.
Sobre mis hombros escoltado gira
el ramaje de sus encantos,
y en un beso de ardor estremecido
encuentra la sutil caricia
el exacto deseo que su mirada reclama.
EBAN
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