César Guevar
Poeta que considera el portal su segunda casa
Llueven agujas límpidas y finas
caen dolientes en la tierra-faz
Parecen tenues, prístinas meninas
que del cielo desprenden argentinas
lucecitas brillantes, sol falaz.
Son agujas que impregnan las esquinas
con húmeda fragancia pertinaz
y saltan en el viento cual toninas
o pétalos de rosas, bambalinas,
ardidas de tristeza cruel, voraz.
Yo las miro pasar, pues son vecinas
que mustias se acomodan al disfraz
de lánguidas y próximas cortinas
aladas, expectantes, cristalinas,
capaces de brindarnos glauca paz.
Silentes lagrimitas interinas
avanzan en acompasado haz.
Del cielo, transparentes, son encinas
burlonas y hechizantes, golondrinas.
Transportan una pena contumaz.
Agujas descendentes adivinas
del ánimo quebrado, río agraz;
filosas, delgaduchas y cansinas
almas son... resignadas. Las ondinas
que dejó, indiferente, el alcatraz.
Lluvia y mes de julio 2014. César Guevara
caen dolientes en la tierra-faz
Parecen tenues, prístinas meninas
que del cielo desprenden argentinas
lucecitas brillantes, sol falaz.
Son agujas que impregnan las esquinas
con húmeda fragancia pertinaz
y saltan en el viento cual toninas
o pétalos de rosas, bambalinas,
ardidas de tristeza cruel, voraz.
Yo las miro pasar, pues son vecinas
que mustias se acomodan al disfraz
de lánguidas y próximas cortinas
aladas, expectantes, cristalinas,
capaces de brindarnos glauca paz.
Silentes lagrimitas interinas
avanzan en acompasado haz.
Del cielo, transparentes, son encinas
burlonas y hechizantes, golondrinas.
Transportan una pena contumaz.
Agujas descendentes adivinas
del ánimo quebrado, río agraz;
filosas, delgaduchas y cansinas
almas son... resignadas. Las ondinas
que dejó, indiferente, el alcatraz.
Lluvia y mes de julio 2014. César Guevara