juliomariabv
Poeta recién llegado
Anduve y caminé durante años
buscando sin saber a quién ni adónde;
intuía, a pesar de los fracasos
que aún no había alcanzado mi horizonte.
Mi corazón buscaba hacer querencia
en cualquier sitio en el que hubiera abrigo,
llamando puertas, mendigando leña
para poder encender un fueguito.
Pensaba estaba escrito mi destino:
Mi sed jamás podría ser saciada;
y que sólo con gotas de cariños
se tenía que conformar mi alma.
Un enorme vacío me abrazaba
se iba apoderando de mis días,
el control de mis ansias se esfumaba
y mil búsquedas locas me perdían.
En vano intenté enmudecer los gritos
que desde el corazón se levantaban.
Yo escapaba por ratos de mí mismo
buscando afuera estimular mi alma.
Y cuando al regresar de mis andanzas
me reencontraba con mi ser herido,
con vergüenza me tapaba la cara
sintiéndome más sólo y más vacío.
Y la rutina diaria yo emprendía
intentando maquillar mi apariencia,
disimulando con dulces sonrisas
mi corazón que erraba en las tormentas.
Mi suelo se volvió negro pantano
el lodo sin piedad se me trepaba
Hasta que apareció en medio del barro
una flor misteriosa de la nada.
Me incliné para contemplar de cerca
con desconfianza el milagroso hallazgo;
un pétalo acaricié con vergüenza
La flor se abrió y me envolvió en un abrazo.
Y yo me acurruqué entre sus colores,
dejándome arrobar por sus aromas.
Su brillo penetraba en mis rincones
como la luz del sol cuando se asoma.
Aunque no sabía de ella, sus susurros
hicieron alianza con mis deseos
y empezaron a derribar los muros
que ataban mi corazón prisionero.
Sus labios humedecieron mi carne
que gritaba de sed, reseca y mustia.
Sus ojos que llenos de vida arden
le quitaron el velo a mis angustias.
La frescura de su sonrisa bella
fue besando mis partes averiadas,
saneándome por dentro y por afuera:
Su presencia redimía mi alma.
Sus delicadas manos se posaron
en mi pecho que estaba a la intemperie
y mis latidos aún agitados
dejaron que su ritmo los sosiegue.
Su intensísimo cariño sin prisas
fue conquistando mi alma y mi cuerpo
y la historia de mis torpes caídas
convirtió en inofensivo recuerdo.
Le revelé mi ayer y mis miserias
a pesar de todo eligió quedarse.
Es hoy su compañía mi riqueza
su vida le da vida a mis instantes.
Al amparo de su querer sin grises
mi corazón arisco fue confiando.
su modo de entregarse sin matices
despabiló a mi amor acurrucado.
Hoy quiero declararte con certeza
que es tuyo mi amor y que sos mi Amada
que elijo andar al lado de tus huellas,
te deseo compañera de mi alma
buscando sin saber a quién ni adónde;
intuía, a pesar de los fracasos
que aún no había alcanzado mi horizonte.
Mi corazón buscaba hacer querencia
en cualquier sitio en el que hubiera abrigo,
llamando puertas, mendigando leña
para poder encender un fueguito.
Pensaba estaba escrito mi destino:
Mi sed jamás podría ser saciada;
y que sólo con gotas de cariños
se tenía que conformar mi alma.
Un enorme vacío me abrazaba
se iba apoderando de mis días,
el control de mis ansias se esfumaba
y mil búsquedas locas me perdían.
En vano intenté enmudecer los gritos
que desde el corazón se levantaban.
Yo escapaba por ratos de mí mismo
buscando afuera estimular mi alma.
Y cuando al regresar de mis andanzas
me reencontraba con mi ser herido,
con vergüenza me tapaba la cara
sintiéndome más sólo y más vacío.
Y la rutina diaria yo emprendía
intentando maquillar mi apariencia,
disimulando con dulces sonrisas
mi corazón que erraba en las tormentas.
Mi suelo se volvió negro pantano
el lodo sin piedad se me trepaba
Hasta que apareció en medio del barro
una flor misteriosa de la nada.
Me incliné para contemplar de cerca
con desconfianza el milagroso hallazgo;
un pétalo acaricié con vergüenza
La flor se abrió y me envolvió en un abrazo.
Y yo me acurruqué entre sus colores,
dejándome arrobar por sus aromas.
Su brillo penetraba en mis rincones
como la luz del sol cuando se asoma.
Aunque no sabía de ella, sus susurros
hicieron alianza con mis deseos
y empezaron a derribar los muros
que ataban mi corazón prisionero.
Sus labios humedecieron mi carne
que gritaba de sed, reseca y mustia.
Sus ojos que llenos de vida arden
le quitaron el velo a mis angustias.
La frescura de su sonrisa bella
fue besando mis partes averiadas,
saneándome por dentro y por afuera:
Su presencia redimía mi alma.
Sus delicadas manos se posaron
en mi pecho que estaba a la intemperie
y mis latidos aún agitados
dejaron que su ritmo los sosiegue.
Su intensísimo cariño sin prisas
fue conquistando mi alma y mi cuerpo
y la historia de mis torpes caídas
convirtió en inofensivo recuerdo.
Le revelé mi ayer y mis miserias
a pesar de todo eligió quedarse.
Es hoy su compañía mi riqueza
su vida le da vida a mis instantes.
Al amparo de su querer sin grises
mi corazón arisco fue confiando.
su modo de entregarse sin matices
despabiló a mi amor acurrucado.
Hoy quiero declararte con certeza
que es tuyo mi amor y que sos mi Amada
que elijo andar al lado de tus huellas,
te deseo compañera de mi alma