Manuel Avilés Mora
Pluma libre
Repliega tus alas y ven;
deja que mis brazos cobijen tu miedo
y que mi boca ahogue tus dolores.
¡No pueden ser más tus quejas
que la tibia calidez de mis besos!
Repliega tus alas y ven,
aunque sea adormecida por mi verbo.
Siente como mi aliento insufla vida
a los colores pálidos que fueron dos Rosas
y ahora son blanco lienzo de un llanto.
Repliega tus alas y deja de volar sin rumbo.
Haz tu nido allí donde yo puse tu nombre
y déjame tener la culpa de tu risa;
déjame que cure las heridas de tus alas,
con el algodón de azúcar de un te quiero.
Alza ahora tu vuelo nuevo,
que yo seguiré tu estela
hasta el nido aquel
donde dejamos los sueños.
deja que mis brazos cobijen tu miedo
y que mi boca ahogue tus dolores.
¡No pueden ser más tus quejas
que la tibia calidez de mis besos!
Repliega tus alas y ven,
aunque sea adormecida por mi verbo.
Siente como mi aliento insufla vida
a los colores pálidos que fueron dos Rosas
y ahora son blanco lienzo de un llanto.
Repliega tus alas y deja de volar sin rumbo.
Haz tu nido allí donde yo puse tu nombre
y déjame tener la culpa de tu risa;
déjame que cure las heridas de tus alas,
con el algodón de azúcar de un te quiero.
Alza ahora tu vuelo nuevo,
que yo seguiré tu estela
hasta el nido aquel
donde dejamos los sueños.