Alejandro Leza
Poeta recién llegado
Tranquila...
Con el agua luminosa
cayendo por tu pelo,
jugando con las sombras
y los reflejos que salpican tu cara,
con las sonrisas que alimentan la esperanza,
con tus ojos que me portean más allá,
con tus labios que me invitan a libar
de la miel que se derrama
en notas arrobadas de dulzura.
Un susurro...
Te retraigo un instante
del éxtasis en la luz,
y sobrepongo la urgencia de mi amor
en tu cuerpo que lleno de sustancia virgen,
rodea mis deseos con la fuerza
del que se siente ahogado,
entre tanta soledad.
Tomo tu figura
y la consagro a la memoria
que se muere de hambre,
saboreando recuerdos que aún no nacen
pero que se gestan en el vientre de este amor,
que resurge de la llama que sigue ardiendo
junto a los vestigios de pasiones,
en un ayer adormecido.
Tranquila,
con el pecho entregado,
rebosante de temores
que algunas veces te fulminan,
pero que llegado el tiempo que hoy se priva,
en tributos de alegría se convierten,
las veces que me miras.
Con el agua luminosa
cayendo por tu pelo,
jugando con las sombras
y los reflejos que salpican tu cara,
con las sonrisas que alimentan la esperanza,
con tus ojos que me portean más allá,
con tus labios que me invitan a libar
de la miel que se derrama
en notas arrobadas de dulzura.
Un susurro...
Te retraigo un instante
del éxtasis en la luz,
y sobrepongo la urgencia de mi amor
en tu cuerpo que lleno de sustancia virgen,
rodea mis deseos con la fuerza
del que se siente ahogado,
entre tanta soledad.
Tomo tu figura
y la consagro a la memoria
que se muere de hambre,
saboreando recuerdos que aún no nacen
pero que se gestan en el vientre de este amor,
que resurge de la llama que sigue ardiendo
junto a los vestigios de pasiones,
en un ayer adormecido.
Tranquila,
con el pecho entregado,
rebosante de temores
que algunas veces te fulminan,
pero que llegado el tiempo que hoy se priva,
en tributos de alegría se convierten,
las veces que me miras.
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