MaríaA.G
Poeta veterana en el Portal
TIEMPO DE TARDE
Engel
MaríaA.G
No se puede tener todo señalaste entonces, María
y lo indicaste con tono de sentencia
aquella tarde de finales de otoño,
llena de hojas secas y cortezas arrancadas al deseo.
Tomé una decisión,
te concedí la libertad y el cielo,
mi bulevar de los de los sueños perdidos
para cuando contemplo el atardecer
y espero a que tú vengas.
Hay un saludo en los labios de cada hoja que cae.
También tu mirada es un claustro de luz,
no hay duda en la fragilidad de su belleza.
No se puede tener todo.
Tú llevabas la razón,
yo las armas,
nos faltaba el campo de batalla donde rozar el pensamiento.
y lo indicaste con tono de sentencia
aquella tarde de finales de otoño,
llena de hojas secas y cortezas arrancadas al deseo.
Tomé una decisión,
te concedí la libertad y el cielo,
mi bulevar de los de los sueños perdidos
para cuando contemplo el atardecer
y espero a que tú vengas.
Hay un saludo en los labios de cada hoja que cae.
También tu mirada es un claustro de luz,
no hay duda en la fragilidad de su belleza.
No se puede tener todo.
Tú llevabas la razón,
yo las armas,
nos faltaba el campo de batalla donde rozar el pensamiento.
Y aquél día otoñal y casi imperceptible,
tomé en custodia, la libertad y el cielo
y el bulevar de los sueños perdidos,
donde también se atesora la esperanza,
la fragilidad de cada instante,
de cada brote de luz que se filtra
en la razón y el pensamiento.
Fue entonces, cuando nadé hasta tu orilla,
agotando mis últimas brazadas,
disfrutando de aquello cuanto poseía;
pues tener todo, es misión imposible,
infatigable labor estertórea.
Me conformé con lo que respiraba,
con todo lo que mi tacto alcanzaba.
y podían percibir mi sentidos,
la libertad y el cielo,
el bulevar de los sueños perdidos.
Todo formaba parte ya de mi mundo,
de nuestro mundo.
tomé en custodia, la libertad y el cielo
y el bulevar de los sueños perdidos,
donde también se atesora la esperanza,
la fragilidad de cada instante,
de cada brote de luz que se filtra
en la razón y el pensamiento.
Fue entonces, cuando nadé hasta tu orilla,
agotando mis últimas brazadas,
disfrutando de aquello cuanto poseía;
pues tener todo, es misión imposible,
infatigable labor estertórea.
Me conformé con lo que respiraba,
con todo lo que mi tacto alcanzaba.
y podían percibir mi sentidos,
la libertad y el cielo,
el bulevar de los sueños perdidos.
Todo formaba parte ya de mi mundo,
de nuestro mundo.
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