Nada Vratovic
Poeta recién llegado
Colores nebulosos... qué atmósfera tan asfixiante.
Mis pulmones están ciegos aquí
y por mi boca sólo entran y salen secretos
tan densos y opresivos como este aura nueva.
Los velos que me rodean están apagados.
No hay luces,
ni ruidos.
Sólo ecos indescifrables que ondean en la superficie.
Hojas de ajenjo crecen en mi garganta
junto a flores alienígenas;
bosques que nacen de las palabras que taladró el mundo
en las paredes de mi tráquea.
Qué vegetación tan terrible
regada con la bilis de la ira oprimida;
con toda la esperanza muerta
y los amores que en realidad eran cenizas de una broma.
Esta cárcel,
sumergida en el agua de los sueños,
no tiene salida alguna.
Desde aquí abajo sólo percibo retazos de la realidad.
Soy el pez escupido al Abismo
que de vez en cuando vislumbra reflejos de la superficie,
pero no son más que sombras y luces amorfas,
susurros.
Conozco bien este lugar.
Nunca lo dejé,
sólo cerré los ojos hasta que las algas los cubrieron
y me murmuraron una vida-espejismo.
Mis pulmones están ciegos aquí
y por mi boca sólo entran y salen secretos
tan densos y opresivos como este aura nueva.
Los velos que me rodean están apagados.
No hay luces,
ni ruidos.
Sólo ecos indescifrables que ondean en la superficie.
Hojas de ajenjo crecen en mi garganta
junto a flores alienígenas;
bosques que nacen de las palabras que taladró el mundo
en las paredes de mi tráquea.
Qué vegetación tan terrible
regada con la bilis de la ira oprimida;
con toda la esperanza muerta
y los amores que en realidad eran cenizas de una broma.
Esta cárcel,
sumergida en el agua de los sueños,
no tiene salida alguna.
Desde aquí abajo sólo percibo retazos de la realidad.
Soy el pez escupido al Abismo
que de vez en cuando vislumbra reflejos de la superficie,
pero no son más que sombras y luces amorfas,
susurros.
Conozco bien este lugar.
Nunca lo dejé,
sólo cerré los ojos hasta que las algas los cubrieron
y me murmuraron una vida-espejismo.