De retórica y otros oropeles.
Eran esos cabellos dorados,
el único rayo de luz
que iluminaba la noche de mi gélido verano.
Sí, un verano frío
Eran esas dos luciérnagas desorbitadas,
luceros que mis mañanas esperaban,
mas al amanecer se ahogaban entre mis pestañas,
para que el hálito de un día se cristalizara.
¿Era acaso un engaño de mis ojos ingenuos?
¿O solamente la emoción que me invitaba a seguir ilusionada?
Fueron endorfinas las que te hicieron una demente,
para liberar palomas en el pecho,
nadie sabría que la jaula podría ser un acogedor lecho,
ahora quedaste atrapada en aquel silencio.
Un silencio que dió luz verde a entender,
que las palabras son a veces espadas de hiel,
en vainas de pura miel...
Abren camino hacia el fin de un tiempo
que jactábase de omnipotente,
y hoy se derrumban ante mis ojos, decadente.
RAQUEL-ROCH
Eran esos cabellos dorados,
el único rayo de luz
que iluminaba la noche de mi gélido verano.
Sí, un verano frío
Eran esas dos luciérnagas desorbitadas,
luceros que mis mañanas esperaban,
mas al amanecer se ahogaban entre mis pestañas,
para que el hálito de un día se cristalizara.
¿Era acaso un engaño de mis ojos ingenuos?
¿O solamente la emoción que me invitaba a seguir ilusionada?
Fueron endorfinas las que te hicieron una demente,
para liberar palomas en el pecho,
nadie sabría que la jaula podría ser un acogedor lecho,
ahora quedaste atrapada en aquel silencio.
Un silencio que dió luz verde a entender,
que las palabras son a veces espadas de hiel,
en vainas de pura miel...
Abren camino hacia el fin de un tiempo
que jactábase de omnipotente,
y hoy se derrumban ante mis ojos, decadente.
RAQUEL-ROCH
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