Los Señores Hienas Barbudos
Bienal de laboriosos cuentos
que ensayan los nuevos señores
propician las nuevas falacias
en sus aposentos menores.
¡Ay! Truenan crueles tirilinos
queriendo calmar a las masas
como unos salvajes felinos
a cuales hienas se levantan;
esperan a ver a dó escapan
las fugitivas pieles plata.
Dejan aquel célebre unguento:
para los hijos con paraguas
yacen de la fria niebla hambrienta
fieros felinos de vanguardia.
Una fugaz mirada roja
de un juez muerto al tirillo fiero,
se desata en cruz escarlata
creyendo lavarse las manos
en sus inmundas caídas falsas,
¡¡Que se les indulte el destierro!!
Resonaba el duro quejido
causable en su dominio extraido
traumando a piedras desoladas
caminan cuán pisadas puede.
Bestias humanas ¿De qué se rien?
Pues si aún no se han dado cuenta
su triste algoritmo no sirve.
Verdad! Con tanto interés sacan
puntos molteados del lomo
plateado, sin ojo encima;
aún así, ustedes no escapan!
¡¡ Está Muerto !! Si… ¡¡ Está Muerto !!
Pues no callan a ningún pueblo,
nosotros, ¡¡ No somos sus siervos !!
No pagamos para dar carne
ni alimentar oscuros fauces,
dejad de reiros ante nuestra
dulce ignorancia, que se jactan
mellizos de gruesa piel plata.
Somos los felinos de garras
blancas de extensa hiedra salvaje
sacamos cual hienas estén
parasitando el vil follaje,
acabando con este pleito
que ha dejado al suelo este reino.
¿Por qué nuevos señores vagos
no cesan de robar? ¡Carajo!
Ya nos tienen cansados pues:
todos estamos yendo abajo!
Nuestro dinero acabando va
pagando sus vivos descaros.
¿Por qué, por qué? Sabemos cuánto
la opulencia enceguece, en tanto
sus corazones de cristal
atiñen solo a no romperse
suelten su disfraz como hienas frias
que se despintan del blanco
mostrando su color negro,
su antifaz de mísero cuero.
Van Den Reyne
Bienal de laboriosos cuentos
que ensayan los nuevos señores
propician las nuevas falacias
en sus aposentos menores.
¡Ay! Truenan crueles tirilinos
queriendo calmar a las masas
como unos salvajes felinos
a cuales hienas se levantan;
esperan a ver a dó escapan
las fugitivas pieles plata.
Dejan aquel célebre unguento:
para los hijos con paraguas
yacen de la fria niebla hambrienta
fieros felinos de vanguardia.
Una fugaz mirada roja
de un juez muerto al tirillo fiero,
se desata en cruz escarlata
creyendo lavarse las manos
en sus inmundas caídas falsas,
¡¡Que se les indulte el destierro!!
Resonaba el duro quejido
causable en su dominio extraido
traumando a piedras desoladas
caminan cuán pisadas puede.
Bestias humanas ¿De qué se rien?
Pues si aún no se han dado cuenta
su triste algoritmo no sirve.
Verdad! Con tanto interés sacan
puntos molteados del lomo
plateado, sin ojo encima;
aún así, ustedes no escapan!
¡¡ Está Muerto !! Si… ¡¡ Está Muerto !!
Pues no callan a ningún pueblo,
nosotros, ¡¡ No somos sus siervos !!
No pagamos para dar carne
ni alimentar oscuros fauces,
dejad de reiros ante nuestra
dulce ignorancia, que se jactan
mellizos de gruesa piel plata.
Somos los felinos de garras
blancas de extensa hiedra salvaje
sacamos cual hienas estén
parasitando el vil follaje,
acabando con este pleito
que ha dejado al suelo este reino.
¿Por qué nuevos señores vagos
no cesan de robar? ¡Carajo!
Ya nos tienen cansados pues:
todos estamos yendo abajo!
Nuestro dinero acabando va
pagando sus vivos descaros.
¿Por qué, por qué? Sabemos cuánto
la opulencia enceguece, en tanto
sus corazones de cristal
atiñen solo a no romperse
suelten su disfraz como hienas frias
que se despintan del blanco
mostrando su color negro,
su antifaz de mísero cuero.
Van Den Reyne
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