Guillermo Alegre
Poeta recién llegado
Te invito
a que me provoques.
A que reserves de mi
un simple espacio
donde fluyan las palabras.
Te invito
a cautivar el tiempo,
a respirar vapor
que emana de las habitaciones
de los dormidos.
Te invito
a dormir sobre mi pecho,
apuñalar el corazón
y exponerlo encima de tu mesa
sedienta de sangre.
Te invito
a deshacer mis ideas,
a colarte por la rendijas
de mi disfraz
y a que lo destroces desde dentro.
Te invito
a la desesperación,
a la calles inocuas
de la coordinación
de mis ilusiones.
Te invito
a la saliva,
a tu sonrisa de paz
desflorando mis labios
mientras se arroja
dulce por los balcones.
Te invito
a que no ates las palabras
ni los besos, ni los sexos.
A que no ates nada
porque si atas la nada
yo desaparezco.
a que me provoques.
A que reserves de mi
un simple espacio
donde fluyan las palabras.
Te invito
a cautivar el tiempo,
a respirar vapor
que emana de las habitaciones
de los dormidos.
Te invito
a dormir sobre mi pecho,
apuñalar el corazón
y exponerlo encima de tu mesa
sedienta de sangre.
Te invito
a deshacer mis ideas,
a colarte por la rendijas
de mi disfraz
y a que lo destroces desde dentro.
Te invito
a la desesperación,
a la calles inocuas
de la coordinación
de mis ilusiones.
Te invito
a la saliva,
a tu sonrisa de paz
desflorando mis labios
mientras se arroja
dulce por los balcones.
Te invito
a que no ates las palabras
ni los besos, ni los sexos.
A que no ates nada
porque si atas la nada
yo desaparezco.