Desde mi ventana,
veo dormir la plaza sombría,
el manso fuego,
tras las montañas dormita,
un aroma a limón infecto,
vaga por las calles del pueblo,
en la vieja ermita doblan las campanas
y un gato negro,
a la fuente solitaria acompaña.
¿Por quién doblan las campanas?
Desde mi ventana,
oigo murmurar los álamos del río,
sombrío y solo queda el valle,
nada allí se detiene
salvo la soledad mágica y perenne.
Por los ojos del puente,
soñolienta pasa el agua,
de blanco mortecino,
alumbra la luna calles solitarias,
la sombra del gato se agranda
y en esta noche de verano,
siento frío.
Cierro la ventana y la sombría luna,
se adentra en mi morada.
- ¿Es la hora?
- ¡Qué pronto has venido a buscarme!
De sobresalto y sudoroso abro mis ojos
y un destello blanquecino alumbra mi cama.
Temeroso me dirijo hacia la ventana
pero tan solo veo en la plaza,
a la solitaria fuente verter su monotonía,
en su marmórea taza.
Luis Prieto Espinosa
Derechos reservados
16/10/2014