Leonardo Velecela
Poeta que considera el portal su segunda casa
Cuando muera mi carne
la luz morirá también,
los pájaros cantaran tristezas
en los árboles desojados por el viento.
Florecerán en el llanto mis maravillas,
morirán en las conciencias mis múltiples
pecados, y dirán que fui un santo.
Un gran santo de papel.
Las mujeres brindaran en sus demencias,
cantando libertad en la venganza,
lloraran arrancándose los ojos
rasguñando la tierra que cubre mi silencio.
Cuando muera mi carne
me iré en silencio, y volveré en el viento,
seré el rocío muriendo entre los pétalos azules
de una rosa ecuatoriana.
O talvez me perderé en un murmullo simple,
o seré eterno en las cantinas, en las bocas
malolientes de los muertos que caminan,
siguiendo el aroma absurdo de un tequila evaporado.
Leonardo V.
la luz morirá también,
los pájaros cantaran tristezas
en los árboles desojados por el viento.
Florecerán en el llanto mis maravillas,
morirán en las conciencias mis múltiples
pecados, y dirán que fui un santo.
Un gran santo de papel.
Las mujeres brindaran en sus demencias,
cantando libertad en la venganza,
lloraran arrancándose los ojos
rasguñando la tierra que cubre mi silencio.
Cuando muera mi carne
me iré en silencio, y volveré en el viento,
seré el rocío muriendo entre los pétalos azules
de una rosa ecuatoriana.
O talvez me perderé en un murmullo simple,
o seré eterno en las cantinas, en las bocas
malolientes de los muertos que caminan,
siguiendo el aroma absurdo de un tequila evaporado.
Leonardo V.
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