abcd
Poeta adicto al portal
He visto, o he sentido nieve derrumbando escaleras,
he tenido toda la ciudad brillante en la palma de la mano
y extraño en el resplandor de un invierno que tiembla en este enfermo verano,
aún sonrío, cuando la pienso un poquito.
Cuando era niño mi hambre nunca fue rubia,
ahora aún con harina y mucha sal, esa rubia me da hasta sed.
Sus ojos de oro tibio,
sus mandarinas en las mejillas,
sus ráfagas de sol todo el tiempo eclipsando mi memoria,
su salvaje frenesí que es risa en las rosas que piso, que desintegro, que odio.
Yo, sin embargo, tengo una herida de hielo,
emocionalmente he vendido todo lo que poseo.
Soy tan nada y tan todo,
no ven? Un hombre cuanto menos posee más puede ofrecer de sí mismo.
Hay muertos abrazados a mi cintura,
lenguas que lamen mis recuerdos y crean nuevas adicciones,
y hay seres agitados que son lámpara y mecenas de mi olvido.
Voy a romper la triste armonía del silencio,
voy a gritar tan fuerte que una nube formara su nombre,
luego bajaré la cabeza y me hundiré en un pozo
porque soy tímido y me da vergüenza amar tan tontamente.
Están húmedas las cenizas,
muy sensibles las palabras.
Tendré que apagar el humo,
replegar todas las ensoñaciones del corazón,
y dormir hasta el próximo domingo,
en espera de tener una espera,
una lágrima, algo real que ofrecer
y poder justificar este poema absurdo que mañana detestaré.
he tenido toda la ciudad brillante en la palma de la mano
y extraño en el resplandor de un invierno que tiembla en este enfermo verano,
aún sonrío, cuando la pienso un poquito.
Cuando era niño mi hambre nunca fue rubia,
ahora aún con harina y mucha sal, esa rubia me da hasta sed.
Sus ojos de oro tibio,
sus mandarinas en las mejillas,
sus ráfagas de sol todo el tiempo eclipsando mi memoria,
su salvaje frenesí que es risa en las rosas que piso, que desintegro, que odio.
Yo, sin embargo, tengo una herida de hielo,
emocionalmente he vendido todo lo que poseo.
Soy tan nada y tan todo,
no ven? Un hombre cuanto menos posee más puede ofrecer de sí mismo.
Hay muertos abrazados a mi cintura,
lenguas que lamen mis recuerdos y crean nuevas adicciones,
y hay seres agitados que son lámpara y mecenas de mi olvido.
Voy a romper la triste armonía del silencio,
voy a gritar tan fuerte que una nube formara su nombre,
luego bajaré la cabeza y me hundiré en un pozo
porque soy tímido y me da vergüenza amar tan tontamente.
Están húmedas las cenizas,
muy sensibles las palabras.
Tendré que apagar el humo,
replegar todas las ensoñaciones del corazón,
y dormir hasta el próximo domingo,
en espera de tener una espera,
una lágrima, algo real que ofrecer
y poder justificar este poema absurdo que mañana detestaré.
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