oscardelaermita
Poeta recién llegado
como una vela
que se muerde los labios.
Los dedos torpes,
como mi rigidez de cuello.
Mi lengua, como mi verbo,
mudo y pedo.
Los muertos que alimento
me taconea la cerviz,
me taladran la tapa de los sesos,
y orino negro.
Tengo un hospital inhóspito
en una herida que no cura, que no drena,
que gangrena reos y náufragos.
Mi colección de atentados y errores,
mancos como relojes de arena,
y un reguero de luto y desertores.
Un frío de otoño que no hiberna,
un sostenido que ya no sostiene
en una estación de trenes átonos,
y un poker de rotos.
Y me acompañan el humo y el ruido.
Y las cortinas rasgadas del templo.
Y ni una mano sin farol.
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