Campesino que vives,
campesino que yaces en la tierra,
tu tierra doblegando tus riñones.
Campesino que sacas la fuerza y la alegría cada mañana,
esclavo eres del deber y del trabajo,
antes de que despunte el alba,
presuroso vas a tu campo
respirando el aroma fresco de los pastos
para nadar en el océano de trigales y maizales y
recoger el fruto del arado.
Labrador que entonas tu canción alegre y con fe,
( lleno de paciencia pues no es en vano tu ardua labor, )
rogando a los cielos que lluevan para ti y
la tierra producto te dé.
Campesino, labrador, hombre de campo de tez curtida,
pies hinchados y manos encallecidas,
con tus manos abres surcos en la tierra,
siembras vida con el sudor de tu frente,
tus pisadas dejan huellas del duro trabajo,
llueva, abrase el sol o haga frío,
soportando los duros golpes del campo sobre tu espalda pero…
tu te levantas una y mil veces,
nunca te das por vencido, dejando en el campo tu semilla.
¡¡Ay campesino!!
Tus pupilas se dilatan y esbozas una sonrisa
cuando sientes llorar al cielo sobre tu rostro.
Y después…
cuando el día empieza a esconderse,
cuando se oyen los primeros cantos de los grillos,
al cabo de tantas horas trabajadas,
regresas a casa con tu familia para juntos descansar tranquilos.
¡¡Campesino!!
Ejemplo eres de virtud, entrega y esperanza.
Hombre noble, tenaz y recio,
embajador de confianza,
lo que tu haces
no tiene precio.
Luis Prieto Espinosa
Derechos reservados 25/08/2014
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