Carrizo Pacheco
Moderador Global.Corrector.Miembro del Jurado
Miembro del equipo
Moderador Global
Miembro del JURADO DE LA MUSA
Corrector/a
Director de concursos
Equipo Revista "Eco y latido"
Escribo acostado en la cama tierna.
La luna, afuera, sostiene la noche.
Termino una estrofa y estiro una pierna...
De comodidades, genero derroche.
Desde que el destino me premió contigo
se ha quemado el tiempo lleno de vacíos
mi existencia fría consiguió su abrigo
con tu sol colmando los instantes míos.
Te has marchado ahora dejándome el alma
para que acompañe mi aislada presencia,
pero no es lo mismo, mi angustia no calma,
así sos abstracta; me pierdo en tu ausencia.
Estás alejada, rodeada de arena,
en el milenario embrujo de Egipto.
No pude escoltarte; mi sangre se frena...
tendido en mi lecho mis horas encripto.
Pensé que podría dejarte unos días
quedándome aquí, siguiendo mi curso.
Como sin embargo mucho presentías,
en la despedida te di este discurso:
"Mi Reina eres libre como algunos versos,
disfruta tu viaje; más tarde te alcanzo,
cuando no me anclen desganos perversos
y pueda filtrarle al ocio un descanso."
Es dura la espera del enamorado;
mi entorno es ajeno a mis añoranzas. . .
De poco me vale estar coronado
por las manos frías de verdes finanzas.
Escribo acostado en cavilaciones.
Quisiera tenerte, en vez de rimarte.
Es pobre hasta el lujo sin tus atenciones;
¡ya ni me revive la magia del Arte!
Ariel Carrizo Pacheco, Poema XX de "Mil versos amartelados"; 2003.
La luna, afuera, sostiene la noche.
Termino una estrofa y estiro una pierna...
De comodidades, genero derroche.
Desde que el destino me premió contigo
se ha quemado el tiempo lleno de vacíos
mi existencia fría consiguió su abrigo
con tu sol colmando los instantes míos.
Te has marchado ahora dejándome el alma
para que acompañe mi aislada presencia,
pero no es lo mismo, mi angustia no calma,
así sos abstracta; me pierdo en tu ausencia.
Estás alejada, rodeada de arena,
en el milenario embrujo de Egipto.
No pude escoltarte; mi sangre se frena...
tendido en mi lecho mis horas encripto.
Pensé que podría dejarte unos días
quedándome aquí, siguiendo mi curso.
Como sin embargo mucho presentías,
en la despedida te di este discurso:
"Mi Reina eres libre como algunos versos,
disfruta tu viaje; más tarde te alcanzo,
cuando no me anclen desganos perversos
y pueda filtrarle al ocio un descanso."
Es dura la espera del enamorado;
mi entorno es ajeno a mis añoranzas. . .
De poco me vale estar coronado
por las manos frías de verdes finanzas.
Escribo acostado en cavilaciones.
Quisiera tenerte, en vez de rimarte.
Es pobre hasta el lujo sin tus atenciones;
¡ya ni me revive la magia del Arte!
Ariel Carrizo Pacheco, Poema XX de "Mil versos amartelados"; 2003.
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