Entre mis brazos, bella y delicada,
fueron tus espasmos como el movimiento
de las flores oscilantes y olorosas.
Aromática esencia que embriagaba
emanaba de tu piel y tus cabellos,
¡Oh perfecta, angelical, pecaminosa!
Tu rostro se contraía cual flor marchitada
en hermosas muecas de miedo
sin perder su belleza vanidosa,
y era tu perfil místico de hada
peculiar, al bañarse en desasosiego.
Tus ojos, llorosos y enrojecidos cual rosa
suplicaron, como si de un sediento se tratara
buscando agua en pozos desiertos,
y tu boca, que no pronunció prosa
en tu pánico ausente de palabra,
se abrió entre gemidos gigantescos
y fortísimos gritos de horror.