Adolfo Sepúlveda
Poeta recién llegado
Él no soportaba mirar su reflejo
Su fealdad superaba lo que alguna vez fue visto
Su abdomen estaba perdido en ese mar grasiento
y su corazón daba tenues y débiles latidos
Él sólo salía en esas noches
en las que la luna no brillaba
Podía pasar lo que con el sol:
Él lo miraba y el sol se marchaba
Él pedía con esperanza inmortal
que su fealdad desapareciera
Pedía con toda su voluntad
que su soledad se fuera
Bajo su piel, y lleno de dolor
habían sentimientos sinceros
mas la soledad lo cubrió
con su manto y sus miedos
A él nadie se le acercaba
En esas noches sin luna
Las estrellas temblaban
al ver su fealdad y amargura
Una noche el viento soplaba
y en su fea cara él lo quería sentir
Su respiración poco a poco se fue atenuando
y su corazón se cansaba de latir
Sus lágrimas al suelo caían
De su pecho un grito salió
¿acaso esto lo merecía?
Y el pecho del monstruo dolió
Inundado en lágrimas corrió a su casa
Sólo las estrellas lo soportaban mirar
Ellos veían la belleza de su alma
y sus lágrimas querían secar
Las estrellas juntas brillaron
e iluminaron su fea faz
Lograron hacer un milagro
Sólo la belleza de su alma se podía observar
Al ver su reflejo, al amanecer
su pecho de alegría empezó a brillar
Tanto que no pudo aguantar.
Su corazón se detuvo de felicidad
Su fealdad superaba lo que alguna vez fue visto
Su abdomen estaba perdido en ese mar grasiento
y su corazón daba tenues y débiles latidos
Él sólo salía en esas noches
en las que la luna no brillaba
Podía pasar lo que con el sol:
Él lo miraba y el sol se marchaba
Él pedía con esperanza inmortal
que su fealdad desapareciera
Pedía con toda su voluntad
que su soledad se fuera
Bajo su piel, y lleno de dolor
habían sentimientos sinceros
mas la soledad lo cubrió
con su manto y sus miedos
A él nadie se le acercaba
En esas noches sin luna
Las estrellas temblaban
al ver su fealdad y amargura
Una noche el viento soplaba
y en su fea cara él lo quería sentir
Su respiración poco a poco se fue atenuando
y su corazón se cansaba de latir
Sus lágrimas al suelo caían
De su pecho un grito salió
¿acaso esto lo merecía?
Y el pecho del monstruo dolió
Inundado en lágrimas corrió a su casa
Sólo las estrellas lo soportaban mirar
Ellos veían la belleza de su alma
y sus lágrimas querían secar
Las estrellas juntas brillaron
e iluminaron su fea faz
Lograron hacer un milagro
Sólo la belleza de su alma se podía observar
Al ver su reflejo, al amanecer
su pecho de alegría empezó a brillar
Tanto que no pudo aguantar.
Su corazón se detuvo de felicidad