Gloria Maria Granero
Poeta adicto al portal
Amapolas, y mi ser se descontrola.
Dulce aliento. Indeleble y ceniciento…
¿Qué caricias y que gozos son verdugos de mis llantos?
No hay sonrisa en este infierno; mis caminos son de piedra.
Primavera, y en mi mente tus caderas.
Dulce baile de penumbras, que me incita al desperdicio.
¿Qué penumbra no me alumbra el sendero de tus pasos?
No hay más muerte en esta huida sólo tus llantos ficticios.
No soy yo quien muere en llantos tras la huida de tus sombras,
es este amor, que a pedazos, con tu marcha se desmonta.
Es mi ser que desvanece sin la luz de tus estrellas,
pero no soy yo quien perece, pues mi esencia es una de ellas.
Muerte al sentido que pierdo cuando no tengo caricias;
mis pies saben del infierno que son tus sonrisas malicias.
No comprendo. No lo entiendo.
¿¡De que me sirve la vida!?
Si la vida es este infierno… solo la muerte es la huida…
Dulce aliento. Indeleble y ceniciento…
¿Qué caricias y que gozos son verdugos de mis llantos?
No hay sonrisa en este infierno; mis caminos son de piedra.
Primavera, y en mi mente tus caderas.
Dulce baile de penumbras, que me incita al desperdicio.
¿Qué penumbra no me alumbra el sendero de tus pasos?
No hay más muerte en esta huida sólo tus llantos ficticios.
No soy yo quien muere en llantos tras la huida de tus sombras,
es este amor, que a pedazos, con tu marcha se desmonta.
Es mi ser que desvanece sin la luz de tus estrellas,
pero no soy yo quien perece, pues mi esencia es una de ellas.
Muerte al sentido que pierdo cuando no tengo caricias;
mis pies saben del infierno que son tus sonrisas malicias.
No comprendo. No lo entiendo.
¿¡De que me sirve la vida!?
Si la vida es este infierno… solo la muerte es la huida…
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