Claridad
Poeta que considera el portal su segunda casa
No hay nadie para hablar en este cuarto blanco de encierro.
Nadie para lamentarse de la absurda historia de mis ojos
o la cruenta partidura hipérbola
de dedos llenándose de dolencias fuertes por las noches.
Nadie hay para contar un tema de tantos temas
que albergan los pozos profundos de mi corazón abandonado
con aguas secas de arena cansada y un talvez de recuerdo
por amor del desierto que avista el tamo.
La fría plaza, el final de una pared de ladrillos rojos llorones
destilando agua lluvia y copos de nieve confundidas
se viste de gente imaginaria que camina por las orillas de sus uniones,
pues yo, yo misma camino en sus pequeñas partes,
otra vida quizás
en la que ya no puedan quitarme más alma
de la que ya me han arrebatado.
Nadie para lamentarse de la absurda historia de mis ojos
o la cruenta partidura hipérbola
de dedos llenándose de dolencias fuertes por las noches.
Nadie hay para contar un tema de tantos temas
que albergan los pozos profundos de mi corazón abandonado
con aguas secas de arena cansada y un talvez de recuerdo
por amor del desierto que avista el tamo.
La fría plaza, el final de una pared de ladrillos rojos llorones
destilando agua lluvia y copos de nieve confundidas
se viste de gente imaginaria que camina por las orillas de sus uniones,
pues yo, yo misma camino en sus pequeñas partes,
otra vida quizás
en la que ya no puedan quitarme más alma
de la que ya me han arrebatado.