Claridad
Poeta que considera el portal su segunda casa
Uno, dos, tres golpes al rostro.
Cuatro, cinco, seis al pecho.
Siete, ocho, nueve al vientre fresco.
Diez, once, doce fueron infierno.
Trece, catorce, quince partieron sus huesos.
Diez y seis, diez y siete, diez y ocho sonaron como trueno.
Diez y nueve, veinte, veinte y uno cumplió su portento.
Veinte y dos, veinte y tres, veinte y cuatro la cara fue descomponiendo.
Veinte y cinco, veinte y seis, veinte y siete, nadie podía creerlo.
Veinte y ocho ¡Cómo pudiste hacerlo!
Veinte y nueve, treinta, reíste y no enseñaste hacerlo.
Treinta y uno, treinta dos, su cabeza dejó su cuerpo.
Treinta tres, la violaste muerta, porque viva,
no pudiste hacerlo.
Cuatro, cinco, seis al pecho.
Siete, ocho, nueve al vientre fresco.
Diez, once, doce fueron infierno.
Trece, catorce, quince partieron sus huesos.
Diez y seis, diez y siete, diez y ocho sonaron como trueno.
Diez y nueve, veinte, veinte y uno cumplió su portento.
Veinte y dos, veinte y tres, veinte y cuatro la cara fue descomponiendo.
Veinte y cinco, veinte y seis, veinte y siete, nadie podía creerlo.
Veinte y ocho ¡Cómo pudiste hacerlo!
Veinte y nueve, treinta, reíste y no enseñaste hacerlo.
Treinta y uno, treinta dos, su cabeza dejó su cuerpo.
Treinta tres, la violaste muerta, porque viva,
no pudiste hacerlo.