Paco Valiente
Poeta que no puede vivir sin el portal
Estaban al borde del mar, ella sentada sobre sus rodillas, abrazando aquellos hombros fuertes que sostenían el cielo. Sentía que nada malo le podía pasar. Tiraba dulcemente de su barba, jugando a hacerle gritar. El la miraba con ternura. La besaba en la frente, y le hacía unas carantoñas con su dedo índice.
Amanda reía, contenta como un cascabel. El manto de agua marina venía y se iba al compás del baile de las olas. Las gaviotas ponían banda sonora a aquel momento mágico.
Paco se levantó, cogió a su hija de la cintura alzándola por encima de su cabeza y empezó a dar vueltas con la niña volando sobre la playa. Amanda llena de felicidad gritaba sin parar:
- ¡Más alto papá, porfa, más alto!
Amanda reía, contenta como un cascabel. El manto de agua marina venía y se iba al compás del baile de las olas. Las gaviotas ponían banda sonora a aquel momento mágico.
Paco se levantó, cogió a su hija de la cintura alzándola por encima de su cabeza y empezó a dar vueltas con la niña volando sobre la playa. Amanda llena de felicidad gritaba sin parar:
- ¡Más alto papá, porfa, más alto!