SeñorGris
Poeta recién llegado
Había una vez un demonio,
que vivía mirando la Luna,
cada noche la miraba,
cada noche la deseaba,
cada noche la besaba.
Pero la Luna, andaba despistada.
Aún así, el demonio seguía,
año tras año.
Hasta que un día, la Luna lo miró.
Y le besó.
El Demonio la invitó a bajar,
Soy El Señor del Infierno -le dijo-,
y empezó a construir un castillo para ella,
uno tan grande que pudiese albergar toda su luz.
El demonio, que despreciaba las palabras,
se puso a estudiarlas.
Solo para poder decirle cuanto la quería.
Escribía y escribía,
pero cuando volvía a verla,
todas las palabras le parecían sucias, y vacías.
Solo cosas en un papel, que nunca podrían decir,
cuanto la quería.
Llego un día, en el que ella dijo que tenía que regresar.
No soy tuya, solo soy de las estrellas.
La dejó marchar, de tanto que la quería.
Entristecido,
culpando a castillos demasiado pequeños,
y a frases de amor nunca escritas,
Derruyó los castillos, y prohibió las palabras.
Ahora el demonio vaga por su mundo de cenizas,
y como los demonios no lloran, el baja la cabeza cuando es de noche,
cuando es de noche, nunca mira hacia el cielo.
Pero cuando nadie le ve, el escribe tonterías.
Tonterías sobre lunas, y castillos, y demonios.
Cosas en un papel, que nunca podrán decir,
cuanto la quería.
que vivía mirando la Luna,
cada noche la miraba,
cada noche la deseaba,
cada noche la besaba.
Pero la Luna, andaba despistada.
Aún así, el demonio seguía,
año tras año.
Hasta que un día, la Luna lo miró.
Y le besó.
El Demonio la invitó a bajar,
Soy El Señor del Infierno -le dijo-,
y empezó a construir un castillo para ella,
uno tan grande que pudiese albergar toda su luz.
El demonio, que despreciaba las palabras,
se puso a estudiarlas.
Solo para poder decirle cuanto la quería.
Escribía y escribía,
pero cuando volvía a verla,
todas las palabras le parecían sucias, y vacías.
Solo cosas en un papel, que nunca podrían decir,
cuanto la quería.
Llego un día, en el que ella dijo que tenía que regresar.
No soy tuya, solo soy de las estrellas.
La dejó marchar, de tanto que la quería.
Entristecido,
culpando a castillos demasiado pequeños,
y a frases de amor nunca escritas,
Derruyó los castillos, y prohibió las palabras.
Ahora el demonio vaga por su mundo de cenizas,
y como los demonios no lloran, el baja la cabeza cuando es de noche,
cuando es de noche, nunca mira hacia el cielo.
Pero cuando nadie le ve, el escribe tonterías.
Tonterías sobre lunas, y castillos, y demonios.
Cosas en un papel, que nunca podrán decir,
cuanto la quería.