Julius 12
Poeta que considera el portal su segunda casa
Discordes brazos centelleantes ofreces a mis brazos,
lo que ofreces a mi intensidad es tu soberbia inacesible,
y nada puedo hacer para que retorne tu alma rica del pasado.
Tu alma se cubrió de telarañas y mis manos se enredaron en
súplicas.
Te veo desde lejos, te veo distante y ajena y sufro tu
intemperancia.
Pero no rogaré, miraré hacia el horizonte donde durmió
tu alegría.
Hay un resignado castigo para mí.
un castigo imperdonable que comprendo.
Los cielos iluminen nuestros dolor para que
nuestras alma sean haz de amor, entrega pura;
tu eres como eres y yo soy como soy.
El pesar de dos pájaros no puede medirse,
la balanza está vedada para estas cosas,
la desperación descansó frente a un estanque
donde hundían sus cómicos picos una multitud
de patos consentidos por los niños y miradas
curiosas. Olvidé por un instante, mirando el verdor
circundante del césped, centelleante césped, el sitio
ruidoso de un domingo por la tarde.
¿para qué volver de ese sitio?
lo que ofreces a mi intensidad es tu soberbia inacesible,
y nada puedo hacer para que retorne tu alma rica del pasado.
Tu alma se cubrió de telarañas y mis manos se enredaron en
súplicas.
Te veo desde lejos, te veo distante y ajena y sufro tu
intemperancia.
Pero no rogaré, miraré hacia el horizonte donde durmió
tu alegría.
Hay un resignado castigo para mí.
un castigo imperdonable que comprendo.
Los cielos iluminen nuestros dolor para que
nuestras alma sean haz de amor, entrega pura;
tu eres como eres y yo soy como soy.
El pesar de dos pájaros no puede medirse,
la balanza está vedada para estas cosas,
la desperación descansó frente a un estanque
donde hundían sus cómicos picos una multitud
de patos consentidos por los niños y miradas
curiosas. Olvidé por un instante, mirando el verdor
circundante del césped, centelleante césped, el sitio
ruidoso de un domingo por la tarde.
¿para qué volver de ese sitio?
Última edición: