Dago
Poeta que considera el portal su segunda casa
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Dago
Por culpa del 14 de Febrero
Con vuestra beldad inalterable
y la virtud que emana de los pasos suyos,
he rendido este bizarro corazón de caballero,
a su merced.
No os fatiguéis con reflexiones vanas
a mis complicadas razones,
que no es menester de una doncella
esas ociosas cuestiones.
Tan sólo dígnese darse por enterada
que este desdichado caballero andante,
ha recorrido el mundo entero
para pretender su amor,
y sepa que
no hay mares que no haya cruzado
desafiando peligros mil,
y aun siete veces los desafiaría
con el fin de hacerme merecedor de su amor.
Pero veo en vuestro rostro la desilusión
es por ello que vengo a despedirme de su merced,
y dejar estos obsequios obtenidos en batalla,
a enumerar las heridas que por vuestro amor bien sufrí,
y a suplicarle con lágrimas en los ojos
que este hombre yermo y enjuto,
quien ha quedado desdichado y quijotesco
por vuestro amor negado,
pueda fenecer aquí a su lado
sin exigir un beso o una caricia tan siempre anheladas.
Tan solo convencido de que es preferible la muerte
por un amor denegado
que una opulenta vida sin mi eterna Dulcinea.
Con vuestra beldad inalterable
y la virtud que emana de los pasos suyos,
he rendido este bizarro corazón de caballero,
a su merced.
No os fatiguéis con reflexiones vanas
a mis complicadas razones,
que no es menester de una doncella
esas ociosas cuestiones.
Tan sólo dígnese darse por enterada
que este desdichado caballero andante,
ha recorrido el mundo entero
para pretender su amor,
y sepa que
no hay mares que no haya cruzado
desafiando peligros mil,
y aun siete veces los desafiaría
con el fin de hacerme merecedor de su amor.
Pero veo en vuestro rostro la desilusión
es por ello que vengo a despedirme de su merced,
y dejar estos obsequios obtenidos en batalla,
a enumerar las heridas que por vuestro amor bien sufrí,
y a suplicarle con lágrimas en los ojos
que este hombre yermo y enjuto,
quien ha quedado desdichado y quijotesco
por vuestro amor negado,
pueda fenecer aquí a su lado
sin exigir un beso o una caricia tan siempre anheladas.
Tan solo convencido de que es preferible la muerte
por un amor denegado
que una opulenta vida sin mi eterna Dulcinea.
Dago
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