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El cocinar distraído al calor tenue del fulgor de las brasas del amor, hace, con los días, que las rocas más duras de los profundos avernos de los humanos, se tornen blandas masas de desnuda ternura.
El cocinar distraído al calor tenue del fulgor de las brasas del amor, hace, con los días, que las rocas más duras de los profundos avernos de los humanos, se tornen blandas masas de desnuda ternura.