Paco Valiente
Poeta que no puede vivir sin el portal
Un día por casualidad te pedí fuego en la calle,
desde entonces llevas dándomelo todas las noches,
me clavaste tu mirada mientras me acercabas la llama,
yo quedé inevitablemente hipnotizado ante tus ojos negros,
me dijiste: “quédate con el mechero” y me quedé contigo,
nunca un cigarrillo hizo tanto por alguien como el mío,
ha pasado el tiempo, ninguno de los dos fumamos,
pero desayunamos en pijama y leemos el periódico,
nos besamos sin prisa, nos reímos con nosotros,
nuestro tiempo no existe, solo el día y la noche,
el día nos separa algo, en la noche somos inseparables,
contamos estrellas y planetas desde nuestro lecho refugio,
amanecemos abrazados compartiendo un mismo sueño.
desde entonces llevas dándomelo todas las noches,
me clavaste tu mirada mientras me acercabas la llama,
yo quedé inevitablemente hipnotizado ante tus ojos negros,
me dijiste: “quédate con el mechero” y me quedé contigo,
nunca un cigarrillo hizo tanto por alguien como el mío,
ha pasado el tiempo, ninguno de los dos fumamos,
pero desayunamos en pijama y leemos el periódico,
nos besamos sin prisa, nos reímos con nosotros,
nuestro tiempo no existe, solo el día y la noche,
el día nos separa algo, en la noche somos inseparables,
contamos estrellas y planetas desde nuestro lecho refugio,
amanecemos abrazados compartiendo un mismo sueño.