Carrizo Pacheco
Moderador Global.Corrector.Miembro del Jurado
Miembro del equipo
Moderador Global
Miembro del JURADO DE LA MUSA
Corrector/a
Director de concursos
Equipo Revista "Eco y latido"
Tu vestido
¡Con qué vestido más vistoso
revistes mi vista!
Luciéndolo desluces al pasar
todo tu entorno...
Conjunción atinada
de pasteles tintes
genera la exaltación genérica
del generoso género que portas
para que alardee con tu talle,
primorosa beldad inmutable...
Apuesto a que sin ti
tan preciado diseño
de la moda de alto chic,
sería apenas un trapo más
de la vana vanidad...
En cambio tú... sin él todo tendrías
con la divina confección de tu cuerpo
que viste a tu espíritu desnudo.
Sigue dejando que la materia total
que te circunda fascinada,
se dedique a ser un mero marco
para tu profética existencia;
un variable contorno hecho
para que lo compartas conmigo;
nunca me arrojes de él…
No me prives, por piedad,
de la protección de tu cariño;
no permitas que se quiebre la simbiosis
que nos da la plenitud…
Yo conozco muy bien, dentro mío,
lo malo que es el lado de afuera;
sé de un modo excelente
lo regular que resulta su carencia…
Retornando a ella me desintegraría
como lo hará el iluso sentido
de tu polícromo modelo,
en inminentes segundos nomás,
no bien lo estrelles contra la frialdad
de este marmóreo suelo que soporta
el pesado peso de nuestro querer.
Ariel Carrizo Pacheco
(Poema XXVII, "Mil versos amartelados", 2003)
¡Con qué vestido más vistoso
revistes mi vista!
Luciéndolo desluces al pasar
todo tu entorno...
Conjunción atinada
de pasteles tintes
genera la exaltación genérica
del generoso género que portas
para que alardee con tu talle,
primorosa beldad inmutable...
Apuesto a que sin ti
tan preciado diseño
de la moda de alto chic,
sería apenas un trapo más
de la vana vanidad...
En cambio tú... sin él todo tendrías
con la divina confección de tu cuerpo
que viste a tu espíritu desnudo.
Sigue dejando que la materia total
que te circunda fascinada,
se dedique a ser un mero marco
para tu profética existencia;
un variable contorno hecho
para que lo compartas conmigo;
nunca me arrojes de él…
No me prives, por piedad,
de la protección de tu cariño;
no permitas que se quiebre la simbiosis
que nos da la plenitud…
Yo conozco muy bien, dentro mío,
lo malo que es el lado de afuera;
sé de un modo excelente
lo regular que resulta su carencia…
Retornando a ella me desintegraría
como lo hará el iluso sentido
de tu polícromo modelo,
en inminentes segundos nomás,
no bien lo estrelles contra la frialdad
de este marmóreo suelo que soporta
el pesado peso de nuestro querer.
Ariel Carrizo Pacheco
(Poema XXVII, "Mil versos amartelados", 2003)
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