Sebastián Figueroa
Poeta recién llegado
Una rosa muerta y sin aroma
cayó petrificada a un vacío de voces.
Los sonidos horrorizaron la rosa
que brotó de tu corazón.
Una lágrima helada y azul
cayó sobre ella,
enviando al cielo toda la luz de tus ojos,
esos ojos como mares
sobre los que navegué ciego.
Las ramas de tus manos
se enredaron a mi vida
intenté huir pero no lo logré.
Una ráfaga de tinieblas la desenredó
y voló junto con la rosa
endulzada por el sonido de tu voz.
Un frío ruido a plomo te ensordeció,
y junto con mi destino,
cerraste tus ojos para siempre…
dos minutos antes de la hora acordada.
Sebastián Figueroa
© Derechos Reservados
cayó petrificada a un vacío de voces.
Los sonidos horrorizaron la rosa
que brotó de tu corazón.
Una lágrima helada y azul
cayó sobre ella,
enviando al cielo toda la luz de tus ojos,
esos ojos como mares
sobre los que navegué ciego.
Las ramas de tus manos
se enredaron a mi vida
intenté huir pero no lo logré.
Una ráfaga de tinieblas la desenredó
y voló junto con la rosa
endulzada por el sonido de tu voz.
Un frío ruido a plomo te ensordeció,
y junto con mi destino,
cerraste tus ojos para siempre…
dos minutos antes de la hora acordada.
Sebastián Figueroa
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