Cuando miro tu cuadro de finas veladuras,
se humedecen mi ojos. Aún te recuerdo. abuelo,
como angel de la guarda, como amigo y modelo
yo te imitaba en todo, tus gestos, tus posturas,
y en tus piernas sentado mil cuentos de aventuras
me ibas contando a trozos con amoroso celo
hasta que un fuerte sueño rompía mi desvelo
y dormido quedaba soñando travesuras.
¡Ay, abuelo! que tiempos cuando a tu mano asido
cantábamos canciones camino de la escuela.
No pude despedirme en tu viaje finido..
Sin un adiós te fuiste mas dejaste una estela
de bondad infinita, de porte distinguido,
y del honor tú fuiste guardián y centinela.
Abuelo, me consuela,
saber que al despedirte, en gesto que aún admiro,
pronunciaste mi nombre en tu último suspiro.
Última edición: