JOSE MANUEL SAIZ
Poeta asiduo al portal
NO ME PREGUNTES PORQUÉ TE QUIERO
Yo guardaba en mi memoria
todas las frases que me decías.
Sabias sentencias que aún recuerdo
mientras encuentro las respuestas que pedías:
Le sobra un punto de locura
a quien intenta ver el sol
en la cara oculta de la luna.
Quien busque el amor fuera del corazón,
es otro loco.
El que afirma no haber sufrido un desamor,
más que iluso, es mentiroso.
Así como la pasión no palpita
en el mármol de una estatua,
así tampoco las heridas
duelen en el fragor de la batalla.
Todo el odio de la Tierra
cabe en el filo de una espada.
Es un intruso el que penetra
en un mundo que no es el suyo.
Una vida sin dolor
es una rosa sin espinas
.
Tú me repetías estas sentencias
a cuenta del amor y de la vida;
Y otras muchas te guardabas
por no llenarte la boca de certeza.
Y te jactabas, y te reías
creyéndote una diosa que volaba
un palmo por encima de mi cabeza.
Apenas una duda por tus labios.
Jamás un rubor en tus mejillas.
Nada te era ajeno ante el amor
y la ignorancia no medraba por tu boca.
Todo tu dominio en la mirada.
Todo el control bajo tu gesto.
Toda la arrogancia y sabiduría
de la ciencia exacta en tus palabras.
Recuerdo que eras tú la que afirmaba
que no cabían los secretos
en la playa de tu alma.
Pero
Ya que das por hecho que mi vida
es para ti un libro abierto
Si intuyes que el amor es ese dogma
que no se compra con un beso
Si tienes como presumes
la respuesta a cada enigma
y si tan segura estás como decías
de que sólo ante la muerte
careces de respuestas
Entonces dime:
¿Por qué me preguntas las razones de mi amor
cuando digo con el alma que te quiero?
Tú, tan firme, tan segura ¿Acaso no lo intuyes?
¿Por qué lo irracional de tu duda
ante la ironía de mi silencio?
Tú, tan hembra, tan madura Pareces ahora una chiquilla
que busca protegerse en mi castillo.
Cariño mío
¿No sientes acaso el calor de mi cuerpo
al fundirse en el fuego con el tuyo?
¿No escuchas cuando estas conmigo
el crepitar de una llama
que nos deja el alma como llaga en carne viva?
¿No aciertas sin embargo
a descifrar un sentimiento
cuando florece bajo mi piel junto a tu pecho?
¿No te valen estas sinrazones
como respuesta a mis silencios?
Pregúntame cualquier otra cosa
algo banal, simple sin trascendencia.
Pregúntame, por ejemplo, para qué sirven
los versos que te escribo
o porqué cierro los ojos
cada vez que te beso.
Solo llama. Yo te abro. Estoy adentro.
Quizás sean éstas las llaves que buscabas.
Pero si te digo que te amo
no me preguntes el motivo.
Ni busques para ello
una excusa al desengaño.
Mi corazón está durmiendo
y pensando en cosas serias:
Está soñando que recoge frases nuevas
en la rivera de los ríos
para hacer con ellas un poema
y arrancarte un sentimiento.
Soy un loco. Un iluso. Un niño.
Y a veces pienso como ellos
con el alma de un poeta.
Será por eso que razono
tan sólo cuando escribo
y cuando estoy soñando como ahora
con los besos de tu boca.
No me preguntes las razones de mi amor
cuando digo con palabras que te quiero.
Si cierras tu mente y me abres el corazón
hallarás en el fondo de mis ojos
la respuesta que reclamas.
Yo no tengo citas, sentencias, ni palabras
ni una frase sabia que leer junto a tu oído.
Pero mi alma es un libro abierto en el que escribo
las razones de un te quiero sin decirlo.
--oOo--
Yo guardaba en mi memoria
todas las frases que me decías.
Sabias sentencias que aún recuerdo
mientras encuentro las respuestas que pedías:
Le sobra un punto de locura
a quien intenta ver el sol
en la cara oculta de la luna.
Quien busque el amor fuera del corazón,
es otro loco.
El que afirma no haber sufrido un desamor,
más que iluso, es mentiroso.
Así como la pasión no palpita
en el mármol de una estatua,
así tampoco las heridas
duelen en el fragor de la batalla.
Todo el odio de la Tierra
cabe en el filo de una espada.
Es un intruso el que penetra
en un mundo que no es el suyo.
Una vida sin dolor
es una rosa sin espinas
.
Tú me repetías estas sentencias
a cuenta del amor y de la vida;
Y otras muchas te guardabas
por no llenarte la boca de certeza.
Y te jactabas, y te reías
creyéndote una diosa que volaba
un palmo por encima de mi cabeza.
Apenas una duda por tus labios.
Jamás un rubor en tus mejillas.
Nada te era ajeno ante el amor
y la ignorancia no medraba por tu boca.
Todo tu dominio en la mirada.
Todo el control bajo tu gesto.
Toda la arrogancia y sabiduría
de la ciencia exacta en tus palabras.
Recuerdo que eras tú la que afirmaba
que no cabían los secretos
en la playa de tu alma.
Pero
Ya que das por hecho que mi vida
es para ti un libro abierto
Si intuyes que el amor es ese dogma
que no se compra con un beso
Si tienes como presumes
la respuesta a cada enigma
y si tan segura estás como decías
de que sólo ante la muerte
careces de respuestas
Entonces dime:
¿Por qué me preguntas las razones de mi amor
cuando digo con el alma que te quiero?
Tú, tan firme, tan segura ¿Acaso no lo intuyes?
¿Por qué lo irracional de tu duda
ante la ironía de mi silencio?
Tú, tan hembra, tan madura Pareces ahora una chiquilla
que busca protegerse en mi castillo.
Cariño mío
¿No sientes acaso el calor de mi cuerpo
al fundirse en el fuego con el tuyo?
¿No escuchas cuando estas conmigo
el crepitar de una llama
que nos deja el alma como llaga en carne viva?
¿No aciertas sin embargo
a descifrar un sentimiento
cuando florece bajo mi piel junto a tu pecho?
¿No te valen estas sinrazones
como respuesta a mis silencios?
Pregúntame cualquier otra cosa
algo banal, simple sin trascendencia.
Pregúntame, por ejemplo, para qué sirven
los versos que te escribo
o porqué cierro los ojos
cada vez que te beso.
Solo llama. Yo te abro. Estoy adentro.
Quizás sean éstas las llaves que buscabas.
Pero si te digo que te amo
no me preguntes el motivo.
Ni busques para ello
una excusa al desengaño.
Mi corazón está durmiendo
y pensando en cosas serias:
Está soñando que recoge frases nuevas
en la rivera de los ríos
para hacer con ellas un poema
y arrancarte un sentimiento.
Soy un loco. Un iluso. Un niño.
Y a veces pienso como ellos
con el alma de un poeta.
Será por eso que razono
tan sólo cuando escribo
y cuando estoy soñando como ahora
con los besos de tu boca.
No me preguntes las razones de mi amor
cuando digo con palabras que te quiero.
Si cierras tu mente y me abres el corazón
hallarás en el fondo de mis ojos
la respuesta que reclamas.
Yo no tengo citas, sentencias, ni palabras
ni una frase sabia que leer junto a tu oído.
Pero mi alma es un libro abierto en el que escribo
las razones de un te quiero sin decirlo.
--oOo--