Alfredo Grajales Sosa
Poeta que considera el portal su segunda casa
Un amor interminable
nos ha sido regalado,
por nuestro dios otorgado
con ternura incomparable.
Contra nada equiparable
con el tiempo ha subsistido,
pues ni siquiera el olvido
ha logrado corromperlo,
ni la distancia romperlo
a todo ha sobrevivido.
Momentos hemos vivido
de placer interminable,
de pasión inagotable
hasta perder el sentido.
Nos hemos amanecido
disfrutando las delicias,
que producen las caricias
que uno al otro prodigamos,
con frenesí imaginamos:
esas batallas ficticias.
Con tus encantos propicias
sumergirme en el deseo,
como un loco te poseo
y hago gala de pericias.
Cuando mi cuerpo acaricias
me elevas al infinito,
con solo observar me excito
esa figura de diosa,
terrenal maravillosa
y entre tu ser me derrito.
Ya que resulta exquisito
entre ti poder perderme,
pues llegas a enloquecerme
completamente lo admito.
Prácticamente levito
al sentir tu piel cercana,
también tu aroma que emana
mi ser completo recorre,
la sangre a galope corre:
y a nuestros clímax hilvana.
nos ha sido regalado,
por nuestro dios otorgado
con ternura incomparable.
Contra nada equiparable
con el tiempo ha subsistido,
pues ni siquiera el olvido
ha logrado corromperlo,
ni la distancia romperlo
a todo ha sobrevivido.
Momentos hemos vivido
de placer interminable,
de pasión inagotable
hasta perder el sentido.
Nos hemos amanecido
disfrutando las delicias,
que producen las caricias
que uno al otro prodigamos,
con frenesí imaginamos:
esas batallas ficticias.
Con tus encantos propicias
sumergirme en el deseo,
como un loco te poseo
y hago gala de pericias.
Cuando mi cuerpo acaricias
me elevas al infinito,
con solo observar me excito
esa figura de diosa,
terrenal maravillosa
y entre tu ser me derrito.
Ya que resulta exquisito
entre ti poder perderme,
pues llegas a enloquecerme
completamente lo admito.
Prácticamente levito
al sentir tu piel cercana,
también tu aroma que emana
mi ser completo recorre,
la sangre a galope corre:
y a nuestros clímax hilvana.
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