Esta es la última vez que te quiero

kalkbadan

Poeta que considera el portal su segunda casa



ESTA ES LA ÚLTIMA VEZ QUE TE QUIERO

Llovía aquella noche cerrada de febrero.

A los pies de la puerta yacían dos maletas,
la capa suspendida, el chal y tu sombrero,
esculpiendo en las sombras la mujer de mi vida.
La noche se exprimía vertical por mis grietas
en una eterna sístole y un aliento anudado.
Sentía en la ventana la madrugada erguida
y con ella el abismo de tu fatal partida;
¿cómo pude perderme teniéndote a mi lado?
Vibraba en el pasillo el eco de tu pulso,
la savia de tu piel y un regusto a rocío.
El sueño, poco a poco, doblegó al desvarío
colmando de sosiego el sismo de mi pecho.
Me despertó la danza de una espiral de brisa
al rubricar la puerta nuestro punto final,
y ahí quedó un «te quiero» varado en la cornisa
del balcón de mis labios escarchados de sal.

Los años han pasado
—al menos eso muestran las dos grutas opacas
que observo cada noche fijadas en mi rostro—,
¡pero yo sigo igual!
buscando solución
al triste teorema de los interrogantes
que siembra la presencia
de tu inmutable ausencia;
¡¡no te quiero más!!, ...pero te quiero tanto.

¿Adónde te me fuiste?,
—hay recuerdos que el tiempo simplemente no esconde—
dime, mi vida, ¿adónde?,
dime... si alguna vez, cariño, me quisiste.


Kalkbadan
Madrid, 4 de febrero de 2015






 
Última edición:


LAS NOCHES DE FEBRERO LLEVAN TU NOMBRE


Llovía aquella noche cerrada de febrero.

A los pies de la puerta yacían dos maletas,
la capa suspendida, el chal y tu sombrero,
esculpiendo en las sombras la mujer de mi vida.
La noche se exprimía vertical por mis grietas
en una eterna sístole y un aliento anudado.
Sentía en la ventana la madrugada erguida
y con ella el abismo de tu fatal partida;
¿cómo pude perderme teniéndote a mi lado?
Vibraba en el pasillo el eco de tu pulso,
la savia de tu piel y un regusto a rocío,
y el sueño, poco a poco, doblegó al desvarío
colmando de sosiego el sismo de mi pecho.
Me despertó la danza de una espiral de brisa
al rubricar la puerta nuestro punto final,
y ahí quedó un «te quiero» varado en la cornisa
del balcón de mis labios escarchados de sal.

¿Adónde te me fuiste?,
—pasaron ya los años, tu aroma no se esconde—
dime, mi vida, ¿adónde?,
dime... si alguna vez, cariño, me quisiste.


Kalkbadan
Madrid, 4 de febrero de 2015






La tristeza se anida en tus letras y se hace sentir en cada verso, muy bello, saludos cordiales.
 
Siempre que leo un poema así recuerdo el mar
y esas olas que se rompen en los acantilados...
El poema me atrapó cuando lo leí
y ayer intenté hacer un comentario sin irme por las cerros de Úbeda
pero creo que hay poemas que solo me dejan leer
y disfrutar,disfrutar...Ya volveré otro día.Me encanta.
Un beso
 


LAS NOCHES DE FEBRERO LLEVAN TU NOMBRE


Llovía aquella noche cerrada de febrero.

A los pies de la puerta yacían dos maletas,
la capa suspendida, el chal y tu sombrero,
esculpiendo en las sombras la mujer de mi vida.
La noche se exprimía vertical por mis grietas
en una eterna sístole y un aliento anudado.
Sentía en la ventana la madrugada erguida
y con ella el abismo de tu fatal partida;
¿cómo pude perderme teniéndote a mi lado?
Vibraba en el pasillo el eco de tu pulso,
la savia de tu piel y un regusto a rocío,
y el sueño, poco a poco, doblegó al desvarío
colmando de sosiego el sismo de mi pecho.
Me despertó la danza de una espiral de brisa
al rubricar la puerta nuestro punto final,
y ahí quedó un «te quiero» varado en la cornisa
del balcón de mis labios escarchados de sal.

¿Adónde te me fuiste?,
—pasaron ya los años, tu aroma no se esconde—
dime, mi vida, ¿adónde?,
dime... si alguna vez, cariño, me quisiste.


Kalkbadan
Madrid, 4 de febrero de 2015






Un gusto arribar a tu excelente poesía. APLAUSOS una vez más amigo. Un abrazo.
 


LAS NOCHES DE FEBRERO LLEVAN TU NOMBRE


Llovía aquella noche cerrada de febrero.

A los pies de la puerta yacían dos maletas,
la capa suspendida, el chal y tu sombrero,
esculpiendo en las sombras la mujer de mi vida.
La noche se exprimía vertical por mis grietas
en una eterna sístole y un aliento anudado.
Sentía en la ventana la madrugada erguida
y con ella el abismo de tu fatal partida;
¿cómo pude perderme teniéndote a mi lado?
Vibraba en el pasillo el eco de tu pulso,
la savia de tu piel y un regusto a rocío,
y el sueño, poco a poco, doblegó al desvarío
colmando de sosiego el sismo de mi pecho.
Me despertó la danza de una espiral de brisa
al rubricar la puerta nuestro punto final,
y ahí quedó un «te quiero» varado en la cornisa
del balcón de mis labios escarchados de sal.

¿Adónde te me fuiste?,
—pasaron ya los años, tu aroma no se esconde—
dime, mi vida, ¿adónde?,
dime... si alguna vez, cariño, me quisiste.


Kalkbadan
Madrid, 4 de febrero de 2015








Desde la tristeza emana una hermosa poesía, eso me habla de sensibilidad y destreza.
Felicidades!!

Palmira
 
Siempre que leo un poema así recuerdo el mar
y esas olas que se rompen en los acantilados...
El poema me atrapó cuando lo leí
y ayer intenté hacer un comentario sin irme por las cerros de Úbeda
pero creo que hay poemas que solo me dejan leer
y disfrutar,disfrutar...Ya volveré otro día.Me encanta.
Un beso
Querida Rosario, me alegra siempre tu huella, compañera, ya lo sabes.
Espero que estés bien ceñida a la primavera, disfrutando de su intensa presencia.
Abrazos.
 


ESTA ES LA ÚLTIMA VEZ QUE TE QUIERO

Llovía aquella noche cerrada de febrero.

A los pies de la puerta yacían dos maletas,
la capa suspendida, el chal y tu sombrero,
esculpiendo en las sombras la mujer de mi vida.
La noche se exprimía vertical por mis grietas
en una eterna sístole y un aliento anudado.
Sentía en la ventana la madrugada erguida
y con ella el abismo de tu fatal partida;
¿cómo pude perderme teniéndote a mi lado?
Vibraba en el pasillo el eco de tu pulso,
la savia de tu piel y un regusto a rocío.
El sueño, poco a poco, doblegó al desvarío
colmando de sosiego el sismo de mi pecho.
Me despertó la danza de una espiral de brisa
al rubricar la puerta nuestro punto final,
y ahí quedó un «te quiero» varado en la cornisa
del balcón de mis labios escarchados de sal.

Los años han pasado
—al menos eso muestran las dos grutas opacas
que observo cada noche fijadas en mi rostro—,
¡pero yo sigo igual!
buscando solución
al triste teorema de los interrogantes
que siembra la presencia
de tu inmutable ausencia;
¡¡no te quiero más!!, ...pero te quiero tanto.

¿Adónde te me fuiste?,
—hay recuerdos que el tiempo simplemente no esconde—
dime, mi vida, ¿adónde?,
dime... si alguna vez, cariño, me quisiste.


Kalkbadan
Madrid, 4 de febrero de 2015






Mucha fuerza se denota en tus versos amigo, donde tu pluma vuela alto
para llegar al lector y disfrutar de una bella inspiración hecha poesía
con unas acertadas preguntas. Ha sido un placer poder pasearme por
tu espacio. Besos y un abrazo. Tere
 


ESTA ES LA ÚLTIMA VEZ QUE TE QUIERO

Llovía aquella noche cerrada de febrero.

A los pies de la puerta yacían dos maletas,
la capa suspendida, el chal y tu sombrero,
esculpiendo en las sombras la mujer de mi vida.
La noche se exprimía vertical por mis grietas
en una eterna sístole y un aliento anudado.
Sentía en la ventana la madrugada erguida
y con ella el abismo de tu fatal partida;
¿cómo pude perderme teniéndote a mi lado?
Vibraba en el pasillo el eco de tu pulso,
la savia de tu piel y un regusto a rocío.
El sueño, poco a poco, doblegó al desvarío
colmando de sosiego el sismo de mi pecho.
Me despertó la danza de una espiral de brisa
al rubricar la puerta nuestro punto final,
y ahí quedó un «te quiero» varado en la cornisa
del balcón de mis labios escarchados de sal.

Los años han pasado
—al menos eso muestran las dos grutas opacas
que observo cada noche fijadas en mi rostro—,
¡pero yo sigo igual!
buscando solución
al triste teorema de los interrogantes
que siembra la presencia
de tu inmutable ausencia;
¡¡no te quiero más!!, ...pero te quiero tanto.

¿Adónde te me fuiste?,
—hay recuerdos que el tiempo simplemente no esconde—
dime, mi vida, ¿adónde?,
dime... si alguna vez, cariño, me quisiste.


Kalkbadan
Madrid, 4 de febrero de 2015






Qué sentido poema, yo moriría de pena, besos
 

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