ISANDA
Anabel Barragán
Hermosos veranos,
con los ojos serenos,
naturaleza en las manos
y barro en el pelo.
Regreso al sueño
de jugar entre el maíz,
las bicicletas, los senderos.
Surcos de luceros
que observaba desde el cielo
sin significado.
Esferas ardientes
que marcaban fin del juego.
Las siestas obligadas,
donde expectantes
esperaba el permiso materno
para buscar tesoros
entre la tierra, el aljibe, el granero
y guardarlos en el cofre secreto
de la inocencia y el tiempo.
Imaginación, historias de cuento.
Diversión intrínseca sin miedo.
Volvería mil veces al recuerdo
donde fluye el cariño en el viento.
Con las manos vacías
construía fortalezas
con las ramas caídas,
sin miedo al esfuerzo
edificaba mi guarida.
Cada fragmento
tenia el relato
de las líneas de las manos
que mantienen, hoy
mi lado humano.
La huella de mi niñez
indeleble, eterna
sostiene mi conciencia
la durmiente y la despierta.
Mi centro, mi columna.
Vida mágica,
Personas sencillas, transparentes
de composición compleja
de células y perfección soberbia.
con los ojos serenos,
naturaleza en las manos
y barro en el pelo.
Regreso al sueño
de jugar entre el maíz,
las bicicletas, los senderos.
Surcos de luceros
que observaba desde el cielo
sin significado.
Esferas ardientes
que marcaban fin del juego.
Las siestas obligadas,
donde expectantes
esperaba el permiso materno
para buscar tesoros
entre la tierra, el aljibe, el granero
y guardarlos en el cofre secreto
de la inocencia y el tiempo.
Imaginación, historias de cuento.
Diversión intrínseca sin miedo.
Volvería mil veces al recuerdo
donde fluye el cariño en el viento.
Con las manos vacías
construía fortalezas
con las ramas caídas,
sin miedo al esfuerzo
edificaba mi guarida.
Cada fragmento
tenia el relato
de las líneas de las manos
que mantienen, hoy
mi lado humano.
La huella de mi niñez
indeleble, eterna
sostiene mi conciencia
la durmiente y la despierta.
Mi centro, mi columna.
Vida mágica,
Personas sencillas, transparentes
de composición compleja
de células y perfección soberbia.
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