Anne_
I killed Bukowski.
Hoy me pinté las uñas.
A estas agujas, la la la la la la la la…
No recuerdo huertos,
ni nada verde dándole sombra
a las sortijas de mi cabeza,
debe ser por eso que renuevo conversaciones,
hago tiras de papel
y tengo 2765 lápices en el techo,
pero recuerdo alas,
alas negras sobre mi pecho,
cuchicheos hilvanando la resistencia del keroseno,
recuerdo el aroma del sonido
del vacío royendo las ilusiones
que sabía que no existían
pero podía ver, en la pared,
podía verlas, como gabardinas mostazas
enfrentándose a las milenarias sonrisas de dios,
contrarrestando las inocencias
y desperdiciando el desayuno,
podía verlas como callejones
de aserrín inundados de reptiles
y sombras de reptiles,
pequeñas playas del tamaño de mi mano,
laberintos de nieve
y hojas de periódicos pegadas en la puerta
gritando algo sobre las nuevas tv’s.
No recuerdo huertos, ni nada verde,
yo recuerdo líneas de cemento inundando
las narices de los hombres grandes,
espacios para la música
y las negativas contra Bakugan y Dragón Ball,
pesadas culpas negras y cambios de lamento en baile.
Yo recuerdo a los pollos asesinos
contra el latex vencedor,
aguijones curvos
y a Gilmar sin camiseta en gimnasia, sí,
Gilmar sin camiseta en gimnasia.
Ahora, a estos finales,
con todas las prescripciones de las mariposas,
soy mi soy, sin el impulso de los despulsados,
sin las cavernas de la lluvia,
ni las rodillas sobre las iras de dios, solamente mi soy,
una bala disidente infestada en estrógenos
rasgando las faldas del cielo
desde los sólidos más profundos,
desde los recovecos más recovecos,
carbonizando estrellas vacías
sobre los cines de la Av. Tacna,
quebrando a punta de fresas cardiacas
los sólidos más undergrounds y
las resistencias del keroseno.
A estas agujas, la la la la la la la la…
No recuerdo huertos,
ni nada verde dándole sombra
a las sortijas de mi cabeza,
debe ser por eso que renuevo conversaciones,
hago tiras de papel
y tengo 2765 lápices en el techo,
pero recuerdo alas,
alas negras sobre mi pecho,
cuchicheos hilvanando la resistencia del keroseno,
recuerdo el aroma del sonido
del vacío royendo las ilusiones
que sabía que no existían
pero podía ver, en la pared,
podía verlas, como gabardinas mostazas
enfrentándose a las milenarias sonrisas de dios,
contrarrestando las inocencias
y desperdiciando el desayuno,
podía verlas como callejones
de aserrín inundados de reptiles
y sombras de reptiles,
pequeñas playas del tamaño de mi mano,
laberintos de nieve
y hojas de periódicos pegadas en la puerta
gritando algo sobre las nuevas tv’s.
No recuerdo huertos, ni nada verde,
yo recuerdo líneas de cemento inundando
las narices de los hombres grandes,
espacios para la música
y las negativas contra Bakugan y Dragón Ball,
pesadas culpas negras y cambios de lamento en baile.
Yo recuerdo a los pollos asesinos
contra el latex vencedor,
aguijones curvos
y a Gilmar sin camiseta en gimnasia, sí,
Gilmar sin camiseta en gimnasia.
Ahora, a estos finales,
con todas las prescripciones de las mariposas,
soy mi soy, sin el impulso de los despulsados,
sin las cavernas de la lluvia,
ni las rodillas sobre las iras de dios, solamente mi soy,
una bala disidente infestada en estrógenos
rasgando las faldas del cielo
desde los sólidos más profundos,
desde los recovecos más recovecos,
carbonizando estrellas vacías
sobre los cines de la Av. Tacna,
quebrando a punta de fresas cardiacas
los sólidos más undergrounds y
las resistencias del keroseno.