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La danza inmóvil

danie

solo un pensamiento...
De muerte se ha tejido cada instante.
Yo devoro
la furia como un ángel idiota
invadido de malezas
que le impiden recordar…
el color del cielo.

Pero ellos
y yo sabemos
que el cielo tiene el color de la infancia muerta.
Alejandra Pizarnik


La casa se reviste de rostros febriles,
imágenes del ayer
que comienzan el rito de la danza inmóvil,
de los oídos sordos
que ya se cansaron de oír
el lastimero aullido del tiempo.


Las paredes y la alcoba
no es otra cosa que la corteza de mi sangre,
de mi cristal agrietado de años sin luz,
de mi ápice de locura colgando
por la soga de un astro tirano,
cruel esfinge de las noches moribundas
que no dejan que descansen en paz
las miserias de mis huesos,
las conciencias de las cenizas,
las alas marchitas de los sueños…


Así nace una inmensa hoguera
de las cenizas, los huesos, los sueños
que quema todo instante de desvanecida gloria
para beatificarla sobre la historia misma
de los nubarrones sin cielo.


Mientras yo escribo estas líneas
de una danza inmóvil
comienza el rito de los espejos,
esos mismos en los que ya mis pupilas
no quieren reflejarse;
es que es mejor ya no ver de frente
a los ojos de mis muertes.
 
Última edición:
De muerte se ha tejido cada instante.
Yo devoro
la furia como un ángel idiota
invadido de malezas
que le impiden recordar…
el color del cielo.

Pero ellos
y yo sabemos
que el cielo tiene el color de la infancia muerta.
Alejandra Pizarnik


La casa se reviste de rostros febriles,
imágenes del ayer
que comienzan el rito de la danza inmóvil,
de los oídos sordos
que ya se cansaron de oír
el lastimero aullido del tiempo.


Las paredes y la alcoba
no es otra cosa que la corteza de mi sangre,
de mi cristal agrietado de años sin luz,
de mi ápice de locura colgando
por la soga de un astro tirano,
cruel esfinge de las noches moribundas
que no dejan que descansen en paz
las miserias de mis huesos,
las conciencias de las cenizas,
las alas marchitas de los sueños…


Así nace una inmensa hoguera
de las cenizas, los huesos, los sueños
que quema todo instante de desvanecida gloria
para beatificarla sobre la historia misma
de los nubarrones sin cielo.


Mientras yo escribo estas líneas
de una danza inmóvil
comienza el rito de los espejos,
esos mismos en los que ya mis pupilas
no quieren reflejarse;
es que es mejor ya no ver de frente
a los ojos de mis muertes.
Una tristeza que florece en versos emotivos para sustentar un bello poema, siempre e sun gusto llegar a tus letras tan bien logradas, un saludo y abrazo poeta.
 
De muerte se ha tejido cada instante.
Yo devoro
la furia como un ángel idiota
invadido de malezas
que le impiden recordar…
el color del cielo.

Pero ellos
y yo sabemos
que el cielo tiene el color de la infancia muerta.
Alejandra Pizarnik


La casa se reviste de rostros febriles,
imágenes del ayer
que comienzan el rito de la danza inmóvil,
de los oídos sordos
que ya se cansaron de oír
el lastimero aullido del tiempo.


Las paredes y la alcoba
no es otra cosa que la corteza de mi sangre,
de mi cristal agrietado de años sin luz,
de mi ápice de locura colgando
por la soga de un astro tirano,
cruel esfinge de las noches moribundas
que no dejan que descansen en paz
las miserias de mis huesos,
las conciencias de las cenizas,
las alas marchitas de los sueños…


Así nace una inmensa hoguera
de las cenizas, los huesos, los sueños
que quema todo instante de desvanecida gloria
para beatificarla sobre la historia misma
de los nubarrones sin cielo.


Mientras yo escribo estas líneas
de una danza inmóvil
comienza el rito de los espejos,
esos mismos en los que ya mis pupilas
no quieren reflejarse;
es que es mejor ya no ver de frente
a los ojos de mis muertes.

Versos emotivos que se abren entre las frentes de ese
manantial unico para reflejar los acontecimientos
del pasado. magnifico poema. luzyabsenta
 
De muerte se ha tejido cada instante.
Yo devoro
la furia como un ángel idiota
invadido de malezas
que le impiden recordar…
el color del cielo.

Pero ellos
y yo sabemos
que el cielo tiene el color de la infancia muerta.
Alejandra Pizarnik


La casa se reviste de rostros febriles,
imágenes del ayer
que comienzan el rito de la danza inmóvil,
de los oídos sordos
que ya se cansaron de oír
el lastimero aullido del tiempo.


Las paredes y la alcoba
no es otra cosa que la corteza de mi sangre,
de mi cristal agrietado de años sin luz,
de mi ápice de locura colgando
por la soga de un astro tirano,
cruel esfinge de las noches moribundas
que no dejan que descansen en paz
las miserias de mis huesos,
las conciencias de las cenizas,
las alas marchitas de los sueños…


Así nace una inmensa hoguera
de las cenizas, los huesos, los sueños
que quema todo instante de desvanecida gloria
para beatificarla sobre la historia misma
de los nubarrones sin cielo.


Mientras yo escribo estas líneas
de una danza inmóvil
comienza el rito de los espejos,
esos mismos en los que ya mis pupilas
no quieren reflejarse;
es que es mejor ya no ver de frente
a los ojos de mis muertes.

Me gusta encontrarme con el reflejo que inspira una musa, Alejandra Pizarnik siendo luz de su propia oscuridad y tu poema se resuelve en esas sensaciones que flotan y nos alcanzan...

Una delicia.

Abrazos danie

Palmira
 

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