Ángel San Isidro
Poeta que considera el portal su segunda casa
Escribir
Siempre quise escribir un poema
que estuviera preñado
de entrañable y doloroso amor,
pues mi corazón pedía a gritos
unos buenos versos
donde no existiera el dolor,
ni la sinrazón;
Hoy escribo este sencillo poema
para culminar mi tarea
de verdadero y auténtico escritor,
hoy le escribo al amor
con sus luces y sus sombras
y con sus defectos,
de una idolatrada y lujuriosa pasión,
nadie tiene en sus entrañas
los sueños del verdadero amor,
pero tenemos en nuestras almas
el amor y la fe, que Dios nos entregó;
Nadie en su sano juicio,
puede asegurar que no existe
la esencia del verdadero amor,
ese amor que sólo está presente
en nuestras vidas,
si de por medio se asoma
hasta el mismo Dios,
no hay amores imposibles
que nazcan de nuestra razón,
sólo hay amores fútiles
perdidos en el vacío de los sueños,
de nuestras extrañas y perdidas sensaciones;
El amor existe, porque lo digo yo,
yo estuve y sigo enamorado
de la misma y candorosa mujer
y de la misma y entrañable canción,
donde el amor son flores sin colores
disueltas entre luces de algodón,
y de un verdadero y sincero amor,
que piensa
entre las frágiles y dulces azucenas
los misterios de ese maravilloso dolor
que se nos lleva,
hasta las raíces del mismo corazón;
No existe un sólo corazón,
ni una sola vida,
que no sueñe con el amor, cuando suspira.
Autor: Ángel San Isidro
Todos los Derechos Reservados
puede asegurar que no existe
la esencia del verdadero amor,
ese amor que sólo está presente
en nuestras vidas,
si de por medio se asoma
hasta el mismo Dios,
no hay amores imposibles
que nazcan de nuestra razón,
sólo hay amores fútiles
perdidos en el vacío de los sueños,
de nuestras extrañas y perdidas sensaciones;
El amor existe, porque lo digo yo,
yo estuve y sigo enamorado
de la misma y candorosa mujer
y de la misma y entrañable canción,
donde el amor son flores sin colores
disueltas entre luces de algodón,
y de un verdadero y sincero amor,
que piensa
entre las frágiles y dulces azucenas
los misterios de ese maravilloso dolor
que se nos lleva,
hasta las raíces del mismo corazón;
No existe un sólo corazón,
ni una sola vida,
que no sueñe con el amor, cuando suspira.
Autor: Ángel San Isidro
Todos los Derechos Reservados