salerin
Poeta que considera el portal su segunda casa
Maldita la palabra que me llevó tan lejos,
maldita la palabra que me alejó de ti.
Malditos estos versos que beben tus reflejos,
maldito aquel veneno que, en un adios, comí.
Recorro las distancias con mi triste agonía,
estoy envenenado y muriendome de amor.
Camino sin sentido, sin pasos ni alegria,
dejando, en las esquinas, suspiros de dolor.
En todos los senderos, por los que fuí buscando,
siempre encontré tus huellas que loco recorrí,
ansioso por seguirlas y terminar hallando
que todos los caminos me llevaban a ti.
Quiero inventar un sitio, para poder soñarte,
igual a un paraiso donde estémos los dos.
Un mundo sin adioses donde solo, en mirarte,
vea que eres mi Diosa y que yo soy tu Dios.
Serémos dos estrellas, preciosas y brillantes,
que iluminen el cielo viviendo una ilusión
y allí, en un mundo nuevo, solo habrá dos amantes
que amándose rompiéron aquella maldición.
Manuel Sal Menéndez.
maldita la palabra que me alejó de ti.
Malditos estos versos que beben tus reflejos,
maldito aquel veneno que, en un adios, comí.
Recorro las distancias con mi triste agonía,
estoy envenenado y muriendome de amor.
Camino sin sentido, sin pasos ni alegria,
dejando, en las esquinas, suspiros de dolor.
En todos los senderos, por los que fuí buscando,
siempre encontré tus huellas que loco recorrí,
ansioso por seguirlas y terminar hallando
que todos los caminos me llevaban a ti.
Quiero inventar un sitio, para poder soñarte,
igual a un paraiso donde estémos los dos.
Un mundo sin adioses donde solo, en mirarte,
vea que eres mi Diosa y que yo soy tu Dios.
Serémos dos estrellas, preciosas y brillantes,
que iluminen el cielo viviendo una ilusión
y allí, en un mundo nuevo, solo habrá dos amantes
que amándose rompiéron aquella maldición.
Manuel Sal Menéndez.