Tiempo atras

lucianoquilmes

Poeta asiduo al portal
Quiso una ciudad azul , pero sin la melancolía,

ni los gélidos fondos de los mares,

azul , sin el entramado oscuro ,

vientre del rencor.

Dispuso las esquinas en el medio,

un árbol ladeado y áspero por debajo,

como un anciano con el maltrato de siglos a cuestas.

Había un cafetín sepia,

de esos que poblaron la infancia allá en la boca.

Un auto cromado, coloso de otros tiempos,

dormía en plena calle,

claro signo de resignación.

Creo haber contado unas doce estrellas

en ese acotado cielo,

tantas como realmente pudieron existir.

Un violeta de obsidiana tiño escarcha en los cordones del bulevar.

El invierno siempre puñal nocturno,

enfriaba el cuadrado que enmarcaba esta historia.

Allí en el centro estaba el , con un rojo en su calzado

y los destellos de sonrisas que traen los naranjas,

porque pretendía el amor

¡nada menos que el amor!

mirando hacia arriba de ojos verdosos.

Quería todo lo bello del mundo que no se puede ver,

exclamaba ser sueño sin hablar siquiera,

casi me cegué al ver tanta energía en un par de trazos,

me sentí desnudo sobre el lienzo ,

pues allí estaba yo, inmortalizado en óleo ,

pensando en todo ,

aguardando ,

aguardando un poco mas,

con los naranjas y amarillos que me regalo tu amor,

buscando que bajes ,

cuando el pincel en mi mano así lo desée,

para besarme.

Como en aquellos otros cuadros,

que pinto la vida,

tiempo atrás.
 
Intenso poema de un autorretrato, Aflora nostalgia y resignación.
Gustoso de dejar mi huella en tu espacio lucianoquilmes. Saludos.

Quiso una ciudad azul , pero sin la melancolía,

ni los gélidos fondos de los mares,

azul , sin el entramado oscuro ,

vientre del rencor.

Dispuso las esquinas en el medio,

un árbol ladeado y áspero por debajo,

como un anciano con el maltrato de siglos a cuestas.

Había un cafetín sepia,

de esos que poblaron la infancia allá en la boca.

Un auto cromado, coloso de otros tiempos,

dormía en plena calle,

claro signo de resignación.

Creo haber contado unas doce estrellas

en ese acotado cielo,

tantas como realmente pudieron existir.

Un violeta de obsidiana tiño escarcha en los cordones del bulevar.

El invierno siempre puñal nocturno,

enfriaba el cuadrado que enmarcaba esta historia.

Allí en el centro estaba el , con un rojo en su calzado

y los destellos de sonrisas que traen los naranjas,

porque pretendía el amor

¡nada menos que el amor!

mirando hacia arriba de ojos verdosos.

Quería todo lo bello del mundo que no se puede ver,

exclamaba ser sueño sin hablar siquiera,

casi me cegué al ver tanta energía en un par de trazos,

me sentí desnudo sobre el lienzo ,

pues allí estaba yo, inmortalizado en óleo ,

pensando en todo ,

aguardando ,

aguardando un poco mas,

con los naranjas y amarillos que me regalo tu amor,

buscando que bajes ,

cuando el pincel en mi mano así lo desée,

para besarme.

Como en aquellos otros cuadros,

que pinto la vida,

tiempo atrás.
 

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