Jhordy
Poeta recién llegado
La piel tuya, tu cuerpo que no me pertenece,
pasos lejos de todas nuestras viejas colinas.
Visible a mis antojos bajo la lluvia mía,
y tan cerca a la vez de las alturas andinas.
Como un cóndor tú vuelas, asechando al labriego,
y seduciendo siempre a todos con tus encantos.
Y soy feliz teniendo que observarte con otros,
guardando mi tristeza, guardando mis quebrantos.
¿Cómo no ser celoso de todos los demás?
Sólo basta mirarte y ya querer ser tu esposo.
Con tu cabello negro, tus labios carmesí,
y más tus ojos verdes: ventana de reposo.
Por eso mujer, sabes, tú no me perteneces,
nadie es dueño del cuerpo sagrado de tu vida.
Y aunque intenten por medios, de desear amarte,
tú no me perteneces, pero soy tu vida.
pasos lejos de todas nuestras viejas colinas.
Visible a mis antojos bajo la lluvia mía,
y tan cerca a la vez de las alturas andinas.
Como un cóndor tú vuelas, asechando al labriego,
y seduciendo siempre a todos con tus encantos.
Y soy feliz teniendo que observarte con otros,
guardando mi tristeza, guardando mis quebrantos.
¿Cómo no ser celoso de todos los demás?
Sólo basta mirarte y ya querer ser tu esposo.
Con tu cabello negro, tus labios carmesí,
y más tus ojos verdes: ventana de reposo.
Por eso mujer, sabes, tú no me perteneces,
nadie es dueño del cuerpo sagrado de tu vida.
Y aunque intenten por medios, de desear amarte,
tú no me perteneces, pero soy tu vida.