Dayane Martínez Gálvez
Poeta recién llegado
Deseo cada noche gloriosa poder sentir la poesía en la carne.
Que tus ojos sean reflejo de los míos
y no constelaciones lejanas situadas en la oscuridad de mis pensamientos.
Oh, un súbito obsequio del ocaso cotidiano
es venerar en silencio tu extensión material.
Tú, tan lejano, apacible e inamovible en tu grandeza.
Tú, amor, tú que desdeñas la vida.
Oh, grata aparición fortuita entre las montañas de fierro y cemento
que se ha situado con grandeza ante mi desdicha
para excitar mi imaginación,
que te concebirá en la noche que ya prosigue.
En esa noche solitaria
el apocalipsis de tu mirada
me permitirá surcar los cielos que te componen.
Una mirada fue suficiente.
Que tus ojos sean reflejo de los míos
y no constelaciones lejanas situadas en la oscuridad de mis pensamientos.
Oh, un súbito obsequio del ocaso cotidiano
es venerar en silencio tu extensión material.
Tú, tan lejano, apacible e inamovible en tu grandeza.
Tú, amor, tú que desdeñas la vida.
Oh, grata aparición fortuita entre las montañas de fierro y cemento
que se ha situado con grandeza ante mi desdicha
para excitar mi imaginación,
que te concebirá en la noche que ya prosigue.
En esa noche solitaria
el apocalipsis de tu mirada
me permitirá surcar los cielos que te componen.
Una mirada fue suficiente.