Mariate
Poeta recién llegado
Porque amo a la mujer, a la belleza de sus formas.
a ese corazón perfecto que transgrede la lógica.
Por sentir sus caricias me haría hombre y sería
el más agradecido, el amante más fino,
el que sostiene su cintura como se toma un cristal
con cuidado y con celo, el que la abraza y protege
del dolor y la angustia, el que enjuga sus lágrimas
y la deja que llore sin preguntar qué pasa.
El que escucha sus cuitas y acaricia su pelo
mientras su boca besa la mejilla dorada, sus ojos
entreabiertos y esa tez casi pétalos de rocìo impregnada.
Sería el cáliz abierto donde pueda saciarse
de placeres prohibidos, y le daría todo si quisiera
mi goce, mi líbido, mis sueños... y en su vientre
perfecto, sembrarìa la semilla del más puro linaje
para embeberla en el zumo de mi néctar profano.
Sería el tutor o el tallo que guiara sus pasos
La raíz donde pueda sostenerse en las noches
cuando su mente vaga y la asaltan los miedos.
Sería tan delicado recorriendo sus pechos
rozando apenas la areola del rosado capullo
mientras mis labios sanan los marcados estigmas
de cada huella tersa de su piel de amapola.
No soy mujer, soy un hombre cuando siento por dentro
el fuego de mi sexo femenino en las venas.
a ese corazón perfecto que transgrede la lógica.
Por sentir sus caricias me haría hombre y sería
el más agradecido, el amante más fino,
el que sostiene su cintura como se toma un cristal
con cuidado y con celo, el que la abraza y protege
del dolor y la angustia, el que enjuga sus lágrimas
y la deja que llore sin preguntar qué pasa.
El que escucha sus cuitas y acaricia su pelo
mientras su boca besa la mejilla dorada, sus ojos
entreabiertos y esa tez casi pétalos de rocìo impregnada.
Sería el cáliz abierto donde pueda saciarse
de placeres prohibidos, y le daría todo si quisiera
mi goce, mi líbido, mis sueños... y en su vientre
perfecto, sembrarìa la semilla del más puro linaje
para embeberla en el zumo de mi néctar profano.
Sería el tutor o el tallo que guiara sus pasos
La raíz donde pueda sostenerse en las noches
cuando su mente vaga y la asaltan los miedos.
Sería tan delicado recorriendo sus pechos
rozando apenas la areola del rosado capullo
mientras mis labios sanan los marcados estigmas
de cada huella tersa de su piel de amapola.
No soy mujer, soy un hombre cuando siento por dentro
el fuego de mi sexo femenino en las venas.
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