luci2
Poeta adicto al portal
De punta a punta, mayores y niños, son mi delirio, los niños que no tuve, los conocimientos que siempre obtengo, con los mayores, ayudo, disfruto, aprendo.
Con los niños, me uno a su juegos, pero hoy, no voy a hablarles de ellos, hago una pausa, mis líneas son para ellos,” Los mayores”.
Y este sentimiento grato, profundo y sincero, además de ir para ellos, se lo dedico a Pili Marti.
Apenas tenía quince años, a mi alrededor todo era mitad y mitad, abuelos y recién nacidos, tenía muy claro que deseaba ser madre, pero que mi vida se la entregaría a los mayores, la vida te da sorpresas a cada rato, suele suceder que no estamos conectados a percibir las señales de nuestro destino, yo, si, con toda modestia lo digo, algo en mi interior, me decía que no sería madre, pero si madre , enfermera, psicóloga y analista social de conducta humana en su entorno y en su interior para los mayores.
Un día de mucho frio, en San Fernando, comencé a sentir un calor inmenso que recorría todo mi cuerpo, como si tuviese una olla a punto de estallar, me faltaba el aire, mi piel blanca lechosa se puso roja, cara, brazos y tronco , una vez que se me pasó, me invadió un sentimiento de tristeza intenso, tanto, que casi me desplomo en mitad de la calle. Cuando llegué con esfuerzo a casa, me duché con agua tibia y a continuación me detuve a escribir un poema, el cual, yo misma, no entendía del todo, pero lo hice. Su título "Piedad", era un canto a la maternidad deseada y a la resignación de esta que no llegaría, tenía dieciocho años por aquel entonces.
Dos años más tarde, mis sofocos continuaban, más no hice caso y me dispuse a trabajar como siempre, cerca de mi casa, ayudando a las tareas del hogar, de nueve a una del mediodía, era una familia encantadora, un pisito muy familiar, donde el sol daba a todas horas, tres dormitorios amplios, que daban justo en frente de donde estaba la peña del Camarón de la Isla, el cuarto de baño era chiquito, pero coqueto, con sus suelos de gres negro y blanco, azulejos con flores tono azul, una ventanita que daba a la cocina y en esta había un balconcito, donde muchas veces me asomaba para calmar mi tensión. En el salón, siempre estaba Doña Ana, un poco ausente, por su alzhéimer, aunque aun estaba en su primera fase, me reconocía, me recordaba cuando tenía que pagarme y me daba un poco de chocolate , zumo o biscocho industrial, ya no cocinaba ella, no hacía casi nada, solo comer, mediaba pocas palabras y dormir, su hija se hacía cargo, pero esta tenía dos hijas y una de ella estaba enferma . Siempre encontraba a Isabel, su hija, “La sargento”, como ella la llamaba, aunque no era del todo cierto, se lo puse yo, pero a ella le hacia gracia y siempre que tenía que limpiar su dormitorio, para poder hacerlo, le decía, yo:
-Quédese aquí Ana, vea la tele, mire como canta Lola flores, antes que venga La sargento de su hija-.
No recordaba que ya había fallecido y siempre decía la misma frase;
- Pena, penita, pena -.
Un tarde de Domingo vi a su nieta en un bar con las amigas y me dijo que no fuese el martes a limpiar que su abuela tenia consulta, que su madre la llevaría. El miércoles consulté con su hija y le propuse dedicarme a su madre, a parte de las tareas de la casa, que acopláramos los días, para llevar a cabo cuanto antes mejor mi nueva función. No estuvo en desacuerdo a mi propuesta y lo consultó con su hermano, para de vez en cuando alternar los días de él, con los de ella o con los míos.
Justo aquí, supe que mi vida tendría sentido con ellos, también la suyas, pues cuando asistí por primera vez al médico con ellas dos, dijo, que notaba mejoras en la percepción sensorial y cognitivo, dos campos que al igual que en un niño eran vitales, o el de psicomotor, no obstante mis motivaciones, podrían levemente ayudar, no impediría que esta enfermedad avanzara y siguiera su curso y sus tres faces, como en toda persona que padece dicha enfermedad, pero si que se aprecian mejoras al estimular los sentidos del enfermo.
En el dos mil tres, mi pareja y yo antes de ir a la consulta, fuimos a dejarle unas flores al cementerio, nunca la olvidaré. Ya una vez en la sala de espera, Ana, pasó a otro lado de mi mente. Mis subidas y bajadas de la hormona prolactina, no daba con el problema para quedar embarazada, estaba cansada de tanta pastilla, Parlodel, Dostinex, años tomándolas y nada, casi cinco largos años.
Y como os decía, gracias a mi intuición, dije que me exploraran a conciencia, que cuanto antes saliese de esto mejor para todos, así fue en la Pelviscopia se pudo comprobar que no tenía ni trompas de Falopio, ni ovario derecho de nacimiento.
Desde entonces y hasta ahora, mi vida la entrego al cuidado y estudio de personas mayores, hice variados cursos, de cocina, para que los alimentos a consumir en su dietas sean los que su diagnóstico requieren, de psicología, para tratarlos, acompañarlos, también a sus familiares en momentos difíciles cercano a su partida, tener la empatía y asertividad para estar al menos en circunstancias habituales , dando la talla como profesional, pues este trabajo, es mas de vocación que de titulación.
Los mayores, nos enseña con sus reglas y normas, más de lo que pensamos, su manías en higiene es como un hábito que se ha ido creando en su generación, antiguamente, se miraba más por todo, luz, agua, comida, modales, es como si de repente, mañana cualquiera de nosotros, la enfermera dice de asearnos una vez a la semana, nos negaríamos, nosotros, que dejamos el grifo abierto mientras nos cepillamos los dientes, o que ponemos más de dos lavadoras diarias, o que tenemos el ordenador encendido, casi las veinticuatro horas del día, pues igual ellos, se rigen , por ese hábito.
Ellos no repiten sus batallas, solo se detienen en detalles en el placer de revivir su pasado que es el legado de lo que conserva con más claridad, pueden aparentar estar tristes, impertinentes, pero es tan solo el reflejo del dolor causado por antiguas heridas, por la soledad de su presente y la asimilación de su futuro escaso, de lo contrario, puede también reírse de su situación actual, es por no darnos el sufrimiento de que están mal y sin apenas alicientes.
Sin más, esto es todo, con cariño a Pili Marti, no es por su edad, ni por más cariño que a otros, simplemente , porque me dedicó algo que me removió ciertos recuerdos y porque me nació dedicarle a ella.
Un abrazo para todos y miles de besotes.
Con los niños, me uno a su juegos, pero hoy, no voy a hablarles de ellos, hago una pausa, mis líneas son para ellos,” Los mayores”.
Y este sentimiento grato, profundo y sincero, además de ir para ellos, se lo dedico a Pili Marti.
Apenas tenía quince años, a mi alrededor todo era mitad y mitad, abuelos y recién nacidos, tenía muy claro que deseaba ser madre, pero que mi vida se la entregaría a los mayores, la vida te da sorpresas a cada rato, suele suceder que no estamos conectados a percibir las señales de nuestro destino, yo, si, con toda modestia lo digo, algo en mi interior, me decía que no sería madre, pero si madre , enfermera, psicóloga y analista social de conducta humana en su entorno y en su interior para los mayores.
Un día de mucho frio, en San Fernando, comencé a sentir un calor inmenso que recorría todo mi cuerpo, como si tuviese una olla a punto de estallar, me faltaba el aire, mi piel blanca lechosa se puso roja, cara, brazos y tronco , una vez que se me pasó, me invadió un sentimiento de tristeza intenso, tanto, que casi me desplomo en mitad de la calle. Cuando llegué con esfuerzo a casa, me duché con agua tibia y a continuación me detuve a escribir un poema, el cual, yo misma, no entendía del todo, pero lo hice. Su título "Piedad", era un canto a la maternidad deseada y a la resignación de esta que no llegaría, tenía dieciocho años por aquel entonces.
Dos años más tarde, mis sofocos continuaban, más no hice caso y me dispuse a trabajar como siempre, cerca de mi casa, ayudando a las tareas del hogar, de nueve a una del mediodía, era una familia encantadora, un pisito muy familiar, donde el sol daba a todas horas, tres dormitorios amplios, que daban justo en frente de donde estaba la peña del Camarón de la Isla, el cuarto de baño era chiquito, pero coqueto, con sus suelos de gres negro y blanco, azulejos con flores tono azul, una ventanita que daba a la cocina y en esta había un balconcito, donde muchas veces me asomaba para calmar mi tensión. En el salón, siempre estaba Doña Ana, un poco ausente, por su alzhéimer, aunque aun estaba en su primera fase, me reconocía, me recordaba cuando tenía que pagarme y me daba un poco de chocolate , zumo o biscocho industrial, ya no cocinaba ella, no hacía casi nada, solo comer, mediaba pocas palabras y dormir, su hija se hacía cargo, pero esta tenía dos hijas y una de ella estaba enferma . Siempre encontraba a Isabel, su hija, “La sargento”, como ella la llamaba, aunque no era del todo cierto, se lo puse yo, pero a ella le hacia gracia y siempre que tenía que limpiar su dormitorio, para poder hacerlo, le decía, yo:
-Quédese aquí Ana, vea la tele, mire como canta Lola flores, antes que venga La sargento de su hija-.
No recordaba que ya había fallecido y siempre decía la misma frase;
- Pena, penita, pena -.
Un tarde de Domingo vi a su nieta en un bar con las amigas y me dijo que no fuese el martes a limpiar que su abuela tenia consulta, que su madre la llevaría. El miércoles consulté con su hija y le propuse dedicarme a su madre, a parte de las tareas de la casa, que acopláramos los días, para llevar a cabo cuanto antes mejor mi nueva función. No estuvo en desacuerdo a mi propuesta y lo consultó con su hermano, para de vez en cuando alternar los días de él, con los de ella o con los míos.
Justo aquí, supe que mi vida tendría sentido con ellos, también la suyas, pues cuando asistí por primera vez al médico con ellas dos, dijo, que notaba mejoras en la percepción sensorial y cognitivo, dos campos que al igual que en un niño eran vitales, o el de psicomotor, no obstante mis motivaciones, podrían levemente ayudar, no impediría que esta enfermedad avanzara y siguiera su curso y sus tres faces, como en toda persona que padece dicha enfermedad, pero si que se aprecian mejoras al estimular los sentidos del enfermo.
En el dos mil tres, mi pareja y yo antes de ir a la consulta, fuimos a dejarle unas flores al cementerio, nunca la olvidaré. Ya una vez en la sala de espera, Ana, pasó a otro lado de mi mente. Mis subidas y bajadas de la hormona prolactina, no daba con el problema para quedar embarazada, estaba cansada de tanta pastilla, Parlodel, Dostinex, años tomándolas y nada, casi cinco largos años.
Y como os decía, gracias a mi intuición, dije que me exploraran a conciencia, que cuanto antes saliese de esto mejor para todos, así fue en la Pelviscopia se pudo comprobar que no tenía ni trompas de Falopio, ni ovario derecho de nacimiento.
Desde entonces y hasta ahora, mi vida la entrego al cuidado y estudio de personas mayores, hice variados cursos, de cocina, para que los alimentos a consumir en su dietas sean los que su diagnóstico requieren, de psicología, para tratarlos, acompañarlos, también a sus familiares en momentos difíciles cercano a su partida, tener la empatía y asertividad para estar al menos en circunstancias habituales , dando la talla como profesional, pues este trabajo, es mas de vocación que de titulación.
Los mayores, nos enseña con sus reglas y normas, más de lo que pensamos, su manías en higiene es como un hábito que se ha ido creando en su generación, antiguamente, se miraba más por todo, luz, agua, comida, modales, es como si de repente, mañana cualquiera de nosotros, la enfermera dice de asearnos una vez a la semana, nos negaríamos, nosotros, que dejamos el grifo abierto mientras nos cepillamos los dientes, o que ponemos más de dos lavadoras diarias, o que tenemos el ordenador encendido, casi las veinticuatro horas del día, pues igual ellos, se rigen , por ese hábito.
Ellos no repiten sus batallas, solo se detienen en detalles en el placer de revivir su pasado que es el legado de lo que conserva con más claridad, pueden aparentar estar tristes, impertinentes, pero es tan solo el reflejo del dolor causado por antiguas heridas, por la soledad de su presente y la asimilación de su futuro escaso, de lo contrario, puede también reírse de su situación actual, es por no darnos el sufrimiento de que están mal y sin apenas alicientes.
Sin más, esto es todo, con cariño a Pili Marti, no es por su edad, ni por más cariño que a otros, simplemente , porque me dedicó algo que me removió ciertos recuerdos y porque me nació dedicarle a ella.
Un abrazo para todos y miles de besotes.