salerin
Poeta que considera el portal su segunda casa
El dolor que yo he sufrido
jamás, nadie, lo sabrá.
Ni, nadie, nunca podrá
querer como te he querido.
Llanto de mi desconsuelo,
diamantes tristes, calientes
que caen desde las fuentes
de mis ojos en el suelo,
larga cascada, cual velo,
que cubre un amor perdido
mojando este cuerpo herido
que con lágrimas se queja
y entre los llantos refleja,
EL DOLOR QUE YO HE SUFRIDO
Este sufrir no fué vano.
Sufrir me mantuvo entero,
pero ahora llorando muero
bajo este yugo tirano,
y este pobre y triste humano
es nada y nada será.
Tampoco nadie querrá
este llanto derramado
y lo que por ti he llorado
JAMÁS, NADIE, LO SABRÁ.
Solo hay hielo en mi morada,
solo está mi carne fría
que traspasa el alma mía
por la tuya contagiada,
y en mi alma congelada,
este dolor, quedará
sin probar, ni probará,
el frío de tu mirada,
ni el beso de boca helada,
NI NADIE, NUNCA, PODRÁ
Quemado en tu frío ardiente,
hundido en esta locura
sufro tu cruel mordedura,
pesandome gravemente
el adiós puesto en mi frente
con mil lágrimas vestido;
con amor incomprendido
que nadie podrá entender,
ni nadie podrá saber
QUERER COMO TE HE QUERIDO.
Manuel Sal Menéndez
jamás, nadie, lo sabrá.
Ni, nadie, nunca podrá
querer como te he querido.
Llanto de mi desconsuelo,
diamantes tristes, calientes
que caen desde las fuentes
de mis ojos en el suelo,
larga cascada, cual velo,
que cubre un amor perdido
mojando este cuerpo herido
que con lágrimas se queja
y entre los llantos refleja,
EL DOLOR QUE YO HE SUFRIDO
Este sufrir no fué vano.
Sufrir me mantuvo entero,
pero ahora llorando muero
bajo este yugo tirano,
y este pobre y triste humano
es nada y nada será.
Tampoco nadie querrá
este llanto derramado
y lo que por ti he llorado
JAMÁS, NADIE, LO SABRÁ.
Solo hay hielo en mi morada,
solo está mi carne fría
que traspasa el alma mía
por la tuya contagiada,
y en mi alma congelada,
este dolor, quedará
sin probar, ni probará,
el frío de tu mirada,
ni el beso de boca helada,
NI NADIE, NUNCA, PODRÁ
Quemado en tu frío ardiente,
hundido en esta locura
sufro tu cruel mordedura,
pesandome gravemente
el adiós puesto en mi frente
con mil lágrimas vestido;
con amor incomprendido
que nadie podrá entender,
ni nadie podrá saber
QUERER COMO TE HE QUERIDO.
Manuel Sal Menéndez