tomasecardozo
Poeta recién llegado
Soledad
Aferrándome a tu ausencia vivo
hundiéndome en las sombras de la nada que devoran,
desgajando las tinieblas de tus dardos de veneno
hasta quedar desnudo y solitario…
Escribo en las lineas de mi diario
las desdichas que tu amor me causa;
lamiendo las gotas que en delirio alcanzas…
Dejando caer pesadas cargas,
como un insomne solitario vivo
deambulando hambriento por tus calles;
insolente y despiadado, taciturno.
No se que esperar en estos tiempos,
voy al encuentro de tu vida sin futuro, sin pasado,
sin las sombras de un amor atado,
temblando en la soledad,
en la llamada del silencio,
en la locura…
Y me pregunto, ¿Qué será de ti?
Si en la tormenta que azota tu vida
y te depreda, desgarra el llanto
que aprisiona tu pecho.
Dime si tus tibias manos
se han de deslizar en la oscuridad
cómplices de un amor enloquecido,
cegado, buscando alivio,
no te des prisa, no te des por vencida
un hierro candente marca mis espaldas,
me susurras; soy tuya;
dormida en un oasis, dibujada en la oscuridad,
oculta del centinela que sigue tus paso,
entonces, te asalta la duda,
la tempestad de viento
mueve la copa de los árboles;
el sonido del coquí inunda las charcas en la noche,
la Luna hace su aparición, pícara, señera,
espía y testigo nocturnal…
La nostalgia entonces inicia su peregrinación
me domina el temor
¡y exclamo!...
Vivo con mi soledad.
Muero por ella.
Aferrándome a tu ausencia vivo
hundiéndome en las sombras de la nada que devoran,
desgajando las tinieblas de tus dardos de veneno
hasta quedar desnudo y solitario…
Escribo en las lineas de mi diario
las desdichas que tu amor me causa;
lamiendo las gotas que en delirio alcanzas…
Dejando caer pesadas cargas,
como un insomne solitario vivo
deambulando hambriento por tus calles;
insolente y despiadado, taciturno.
No se que esperar en estos tiempos,
voy al encuentro de tu vida sin futuro, sin pasado,
sin las sombras de un amor atado,
temblando en la soledad,
en la llamada del silencio,
en la locura…
Y me pregunto, ¿Qué será de ti?
Si en la tormenta que azota tu vida
y te depreda, desgarra el llanto
que aprisiona tu pecho.
Dime si tus tibias manos
se han de deslizar en la oscuridad
cómplices de un amor enloquecido,
cegado, buscando alivio,
no te des prisa, no te des por vencida
un hierro candente marca mis espaldas,
me susurras; soy tuya;
dormida en un oasis, dibujada en la oscuridad,
oculta del centinela que sigue tus paso,
entonces, te asalta la duda,
la tempestad de viento
mueve la copa de los árboles;
el sonido del coquí inunda las charcas en la noche,
la Luna hace su aparición, pícara, señera,
espía y testigo nocturnal…
La nostalgia entonces inicia su peregrinación
me domina el temor
¡y exclamo!...
Vivo con mi soledad.
Muero por ella.
Tomás Escala Cardozo