Rosario, hoy traigo piedras para leer.
El cielo raso tiene la culpa
y lo que hay es lo que ves.
Esta es de pizarra, negra, llana
con láminas como mi piel.
Sirve para cubrirse del entorno,
para que resbale la intemperie,
para guardarse del frío y del sol.
Traigo también un canto de río;
redondo, blanco, sin fisuras,
salado como el mar que nunca vio.
Nos servirá para relajar el tacto,
para suavizar las manos,
para asomarse al mundo desde otra dimensión.
Estas otras dos son de una cueva
que me aguarda cuando voy,
que me aguarda y que me guarda
entre frescura calcárea,
que sabe a bóveda y siglos
e ignora el alrededor.
Volví de donde las rocas sembradas,
de donde el romero y la adelfa en flor;
y llego a casa, entro al patio,
¡sorpresa!,
y veo que las plantas el calor de julio me las regó.
Agradecido le estoy...
...Y esto verde que mi perro se encontró
es una esmeralda,
pero no le veo utilidad yo.
De todas formas te la traigo,
tuya es, mía ya no.
Dedicado a Rosario Martín.