JuanSan
Poeta fiel al portal
Tumbado en la hierba a la sombra de un árbol
el viento ajetrea sus ramas y hojas
dejándome entrever
guiños de sol.
El viento besa mi cara,
una voz lejana y clara canta frases locas,
Marzo,
primavera estalla,
naturaleza de parto.
Las abejas se atarean de flor en flor,
las hormigas ya calzaron sus botas
y comienzan su explotación,
obreras sin sindicatos ni cotización,
simpáticas mariquitas,
gráciles mariposas
y pesadas moscas de dudoso gusto gastronómico,
todo ello aderezado
del canto ilógico y desesperado
de pájaros en sus nidos,
recién nacidos
que chillan a horrores a los que les han parido,
descosido en sus buches siempre vacíos,
miles de flores,
cientos de colores
y decenas de ancianos
que luchan por un banco iluminado por nuestro astro,
perros que no dan a basto
tratando de marcar sus territorios
y novios,
uniendo sus labios,
uniendo sus manos,
puerto y barco,
se lanzó el ancla para dormir en tierra
y no se cuanto llevan,
quizá un año
y yo,
cuan cangrejo ermitaño
ya me he acostumbrado a mi pequeña parcela,
de un verde que embelesa mis sentidos,
verde manchado de amarillos y turquesas,
blancos y rojos,
verde de olores que guarda la primavera
en la caja donde encierra
esencias y néctares embrujadores,
ansias para los ojos que buscan amores.
el viento ajetrea sus ramas y hojas
dejándome entrever
guiños de sol.
El viento besa mi cara,
una voz lejana y clara canta frases locas,
Marzo,
primavera estalla,
naturaleza de parto.
Las abejas se atarean de flor en flor,
las hormigas ya calzaron sus botas
y comienzan su explotación,
obreras sin sindicatos ni cotización,
simpáticas mariquitas,
gráciles mariposas
y pesadas moscas de dudoso gusto gastronómico,
todo ello aderezado
del canto ilógico y desesperado
de pájaros en sus nidos,
recién nacidos
que chillan a horrores a los que les han parido,
descosido en sus buches siempre vacíos,
miles de flores,
cientos de colores
y decenas de ancianos
que luchan por un banco iluminado por nuestro astro,
perros que no dan a basto
tratando de marcar sus territorios
y novios,
uniendo sus labios,
uniendo sus manos,
puerto y barco,
se lanzó el ancla para dormir en tierra
y no se cuanto llevan,
quizá un año
y yo,
cuan cangrejo ermitaño
ya me he acostumbrado a mi pequeña parcela,
de un verde que embelesa mis sentidos,
verde manchado de amarillos y turquesas,
blancos y rojos,
verde de olores que guarda la primavera
en la caja donde encierra
esencias y néctares embrujadores,
ansias para los ojos que buscan amores.
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