RAMIPOETA
– RAMIRO PONCE ”POETA RAPSODA"
REVANCHA
Un remolino de algas enreda mis entrañas.
Un aluvión lejano ha enfurecido al río
que desnuda a la playa; al punto fue violada.
La luna semioculta con sus hilos de plata
enreda los cabellos de la ñusta que gime.
La noche se hace negra para ocultarle al Cielo
en todo nuestro entorno circunda la tristeza.
El viento va esparciendo la niebla condensada
para volverle en agua. Se despierta la lluvia,
mientras un lobo aúlla en la espesa montaña.
¡Se desata un diluvio! Ella viene a mis brazos
tiritando del frío, le cubro con la manta,
avizoro sus ojos navegando en un charco
que han formado sus lágrimas.
Nos acongoja el frío, la noche está apagada,
los luceros ocultos detrás del firmamento.
Ha llegado el momento de hacer una plegaria.
Mi padre me decía: -No hay hombre en este mundo
que en una noche de estas no invoque en oraciones
la protección de Dios.
-No conozco un valiente que en estos aluviones
entre lágrimas de hombre no lo pida perdón.
Siguiendo su consejo, empecé mi oración:
-Señor, mi Dios bendito, escúchame, te ruego,
perdona los pecados que urdido de ignorancia
cometí contra ti, perdóname la rabia y tantas
maldiciones que en acto de impotencia emití sin control.
si muy grande es mi mancha,
más grande es tu piedad, ¡Sosiega esta borrasca
y concédeme la gracia de darme la revancha,
que si de esta me salvas te prometo Dios mío,
que bien reverdecido retornaré a tu grey.
Ramiro Ponce P.
Un remolino de algas enreda mis entrañas.
Un aluvión lejano ha enfurecido al río
que desnuda a la playa; al punto fue violada.
La luna semioculta con sus hilos de plata
enreda los cabellos de la ñusta que gime.
La noche se hace negra para ocultarle al Cielo
en todo nuestro entorno circunda la tristeza.
El viento va esparciendo la niebla condensada
para volverle en agua. Se despierta la lluvia,
mientras un lobo aúlla en la espesa montaña.
¡Se desata un diluvio! Ella viene a mis brazos
tiritando del frío, le cubro con la manta,
avizoro sus ojos navegando en un charco
que han formado sus lágrimas.
Nos acongoja el frío, la noche está apagada,
los luceros ocultos detrás del firmamento.
Ha llegado el momento de hacer una plegaria.
Mi padre me decía: -No hay hombre en este mundo
que en una noche de estas no invoque en oraciones
la protección de Dios.
-No conozco un valiente que en estos aluviones
entre lágrimas de hombre no lo pida perdón.
Siguiendo su consejo, empecé mi oración:
-Señor, mi Dios bendito, escúchame, te ruego,
perdona los pecados que urdido de ignorancia
cometí contra ti, perdóname la rabia y tantas
maldiciones que en acto de impotencia emití sin control.
si muy grande es mi mancha,
más grande es tu piedad, ¡Sosiega esta borrasca
y concédeme la gracia de darme la revancha,
que si de esta me salvas te prometo Dios mío,
que bien reverdecido retornaré a tu grey.
Ramiro Ponce P.