Daniel Toledo Flores
Poeta recién llegado
La luna perdía su hermoso brillar,
al verte triste y melancólica.
Con tu rostro perdiendo su luz de juventud y
tratando de apagarse lentamente.
Buscando con las pocas fuerzas que te quedan,
desvanecer tu triste nostalgia.
Me pediste que te ayudara
porque buscabas un lugar seguro.
Un lugar en donde pasar la noche en paz.
Lejos de la amargura y la intranquilidad.
Tratando de disimular tu triste mirar
Sabía qué hacer en ese momento.
Dejar mi dolor y mi tristeza
para abrazar tu dolor y tu tristeza.
Comprometido que tu pesar es mi pesar.
Tu melancolía es mi melancolía.
Tu amargura es mi amargura.
Contento estaba porque pediste de mi auxilio.
Pero triste por tu nostalgia.
Así que te llevé a un lugar para que pernoctes.
Ofreciéndote mi compañía.
Aceptándola con mucho confianza.
Entramos a la habitación.
Tu rostro notaba tristeza.
Mi rostro notaba nerviosismo.
Oramos juntos.
Yo pidiéndole a Dios ser fuerte.
Tú pidiéndole a Dios lo mismo,
de lo contrario no orarías junto conmigo.
Te echaste a dormir triste.
Yo echado a tu lado estaba
y continuaba despierto.
Observando tu lindo ser.
Deleitándome con tu hermosa presencia.
Escuchando tu lindo respirar.
Sintiendo tu tranquilo silencio.
No era momento para amarte.
No era momento para poseerte.
Era momento para cuidarte.
Era momento para salvaguardarte.
Me dormí y seguías en mi sueño.
Sabiendo que eres mi mundo.
Sabiendo que eres mi deseo.
Sabiendo que eres mi amor.
El paraíso de mi triste ser.
El universo de mi solitaria alma.
Llega el amanecer.
¡Qué hermoso amanecer, por Dios!
Al ver la paz de tus ojos.
La armonía de tus labios.
El hermoso sentir de tu alma.
Escuchar la melodía de tu tierna voz.
El cantar de tu lindo ser.
Todas ellas envueltas
en un sentimiento de amor,
cariño y ternura.
Quienes me demostraron que eres más
Importante de lo que pensé.
Aun así ganándome la burla de los que me rodean.
Me agradeciste con lágrimas tiernas.
Desvaneciendo tu triste lamento.
Haciéndote saber que tengo un propósito contigo
Propósito que solo tú sabes.
Y tú, diciéndome que algún día
me dirías lo que te pone triste.
Lo que te aturde.
Lo que te intranquiliza.
Lo que te incomoda.
Sabiendo mi ser que escondes
algo que te hace sentir nostálgica.
Sabiendo mi ser que no eres feliz.
Sabiendo mi ser que te enfrentas a tus desdichas.
Que la nostalgia la llevas desde antes que te conozca.
Al despedirnos, te sentí más tranquila.
Más viva de paz.
Sin embargo, desde ese momento,
el aroma de tu ser
recorre por todo mi cuerpo.
Llenando surcos de amor.
Sintiéndome prisionero de tu amor.
Prisión que no quiero dejarla,
porque te pienso con todo mi ser.
Porque amanecer a tu lado y solo cuidarte,
es lo más hermoso que me ha pasado.
Todos los derechos reservados
al verte triste y melancólica.
Con tu rostro perdiendo su luz de juventud y
tratando de apagarse lentamente.
Buscando con las pocas fuerzas que te quedan,
desvanecer tu triste nostalgia.
Me pediste que te ayudara
porque buscabas un lugar seguro.
Un lugar en donde pasar la noche en paz.
Lejos de la amargura y la intranquilidad.
Tratando de disimular tu triste mirar
Sabía qué hacer en ese momento.
Dejar mi dolor y mi tristeza
para abrazar tu dolor y tu tristeza.
Comprometido que tu pesar es mi pesar.
Tu melancolía es mi melancolía.
Tu amargura es mi amargura.
Contento estaba porque pediste de mi auxilio.
Pero triste por tu nostalgia.
Así que te llevé a un lugar para que pernoctes.
Ofreciéndote mi compañía.
Aceptándola con mucho confianza.
Entramos a la habitación.
Tu rostro notaba tristeza.
Mi rostro notaba nerviosismo.
Oramos juntos.
Yo pidiéndole a Dios ser fuerte.
Tú pidiéndole a Dios lo mismo,
de lo contrario no orarías junto conmigo.
Te echaste a dormir triste.
Yo echado a tu lado estaba
y continuaba despierto.
Observando tu lindo ser.
Deleitándome con tu hermosa presencia.
Escuchando tu lindo respirar.
Sintiendo tu tranquilo silencio.
No era momento para amarte.
No era momento para poseerte.
Era momento para cuidarte.
Era momento para salvaguardarte.
Me dormí y seguías en mi sueño.
Sabiendo que eres mi mundo.
Sabiendo que eres mi deseo.
Sabiendo que eres mi amor.
El paraíso de mi triste ser.
El universo de mi solitaria alma.
Llega el amanecer.
¡Qué hermoso amanecer, por Dios!
Al ver la paz de tus ojos.
La armonía de tus labios.
El hermoso sentir de tu alma.
Escuchar la melodía de tu tierna voz.
El cantar de tu lindo ser.
Todas ellas envueltas
en un sentimiento de amor,
cariño y ternura.
Quienes me demostraron que eres más
Importante de lo que pensé.
Aun así ganándome la burla de los que me rodean.
Me agradeciste con lágrimas tiernas.
Desvaneciendo tu triste lamento.
Haciéndote saber que tengo un propósito contigo
Propósito que solo tú sabes.
Y tú, diciéndome que algún día
me dirías lo que te pone triste.
Lo que te aturde.
Lo que te intranquiliza.
Lo que te incomoda.
Sabiendo mi ser que escondes
algo que te hace sentir nostálgica.
Sabiendo mi ser que no eres feliz.
Sabiendo mi ser que te enfrentas a tus desdichas.
Que la nostalgia la llevas desde antes que te conozca.
Al despedirnos, te sentí más tranquila.
Más viva de paz.
Sin embargo, desde ese momento,
el aroma de tu ser
recorre por todo mi cuerpo.
Llenando surcos de amor.
Sintiéndome prisionero de tu amor.
Prisión que no quiero dejarla,
porque te pienso con todo mi ser.
Porque amanecer a tu lado y solo cuidarte,
es lo más hermoso que me ha pasado.
Todos los derechos reservados
Última edición: