El Cielo de Octubre
Poeta asiduo al portal
La libertad de aquel que escribe es infinita.
Me acerco a la orilla descalzo,
con las maletas y el billete de ida en la mano,
-Es sólo un año- te dije,
tú me esperarías en la arena.
Sorteo piedras y castillos hasta que noto el agua fría
ascender por mis tobillos,
tengo el bañador, las gafas de buceo,
el pasaporte preparado.
Las olas me dan la bienvenida y me abrazan,
se abalanzan contra el forastero recién llegado,
yo me giro, te miro,
y tú me saludas desde la arena.
Me sumerjo en el mar como si fuera mi propia cabeza,
me empapo de ilusiones, de aventuras, de nuevas tendencias,
hablo en otra lengua y los días pasan más rápido que las noches,
los coches fluyen por las autopistas de asfalto seco
pero yo sigo empapándome y el tiempo se olvida de mí,
llega marzo y llega abril,
consigo por fin huir del eco que retumba en mi interior,
llega mayo y yo no soy yo, yo soy una estela fugaz sin espíritu, tú
ya no esperabas en la arena.
Me revuelvo, me retuerzo, y regreso hacia la playa,
no vaya a ser que no te vea pero que siguieras allí,
como una fuente de luz al final de un desierto,
como una estatua de sal castigada por el tiempo,
allí estás tú, pero ya no eres tú, ni yo soy yo,
sino simples cómplices de un recuerdo.
¿O acaso no es el amor
una erosión constante del tiempo?
Me acerco a la orilla descalzo,
con las maletas y el billete de ida en la mano,
-Es sólo un año- te dije,
tú me esperarías en la arena.
Sorteo piedras y castillos hasta que noto el agua fría
ascender por mis tobillos,
tengo el bañador, las gafas de buceo,
el pasaporte preparado.
Las olas me dan la bienvenida y me abrazan,
se abalanzan contra el forastero recién llegado,
yo me giro, te miro,
y tú me saludas desde la arena.
Me sumerjo en el mar como si fuera mi propia cabeza,
me empapo de ilusiones, de aventuras, de nuevas tendencias,
hablo en otra lengua y los días pasan más rápido que las noches,
los coches fluyen por las autopistas de asfalto seco
pero yo sigo empapándome y el tiempo se olvida de mí,
llega marzo y llega abril,
consigo por fin huir del eco que retumba en mi interior,
llega mayo y yo no soy yo, yo soy una estela fugaz sin espíritu, tú
ya no esperabas en la arena.
Me revuelvo, me retuerzo, y regreso hacia la playa,
no vaya a ser que no te vea pero que siguieras allí,
como una fuente de luz al final de un desierto,
como una estatua de sal castigada por el tiempo,
allí estás tú, pero ya no eres tú, ni yo soy yo,
sino simples cómplices de un recuerdo.
¿O acaso no es el amor
una erosión constante del tiempo?